La artista que pintaba en las vallas de un mercado barcelonés y que, tras su remodelación, expondrá sus obras
Amaia Arrazola embelleció el espacio público del barrio de Gràcia, reforzando los valores de comunidad, tradición y creatividad que lo definen
Muere la ilustradora vitoriana Amaia Arrazola, autora de obras como 'Wabi sabi', 'El meteorito' o 'Totoro y yo'
El nuevo Mercado de la Abacería de Barcelona se prepara para una reapertura cargada de simbolismo. Y es que el ayuntamiento de la capital catalana y la familia de Amaia Arrazola han acordado que parte de su obra permanezca vinculada al edificio de forma permanente. La artista, ilustradora vasca afincada en Gràcia, falleció el pasado noviembre a los 41 años, dejando un vacío inmenso en el mundo de la cultura. Su intervención en las vallas de las obras del mercado, inicialmente concebida como algo efímero, se convertirá ahora en un legado para el barrio. Este homenaje busca reconocer su talento y su capacidad para capturar la esencia de la vida vecinal y del comercio de proximidad.
De esta forma, la visión creativa de Arrazola seguirá presente en el equipamiento que ella misma ayudó a embellecer y dignificar durante su reforma, así que una obra tan querida no desaparecerá tras la finalización de las obras. Se trata de un reconocimiento institucional a una figura que supo transformar el entorno urbano con una sensibilidad artística única y cercana.
En el año 2024, el Distrito de Gràcia y el Instituto Municipal de Mercados realizaron un encargo especial a la reconocida artista. La misión consistía en decorar las vallas perimetrales de la reforma para dignificar el entorno y revitalizar toda la zona afectada por las obras. La ilustradora, con el apoyo de un grupo de grafiteros, diseñó un mural para la calle Puigmartí que captó rápidamente la atención de los vecinos. Posteriormente, estos diseños originales se imprimieron en lonas para cubrir la fachada principal del mercado situada en la conocida Travessera de Gràcia. El objetivo principal era generar ilusión y expectativa entre los ciudadanos ante el futuro regreso de los comerciantes a su sede histórica.
Amaia logró convertir una barrera física de madera en un lienzo lleno de vida que dialogaba constantemente con los transeúntes del distrito. Su trabajo no solo embelleció el espacio público, sino que reforzó los valores de comunidad, tradición y creatividad que definen al barrio barcelonés. Aquella intervención temporal caló tan hondo en el vecindario que su desaparición definitiva resultaba inconcebible para las autoridades municipales y la familia.
El proceso para hacer permanente esta obra comenzó poco después del fallecimiento de la ilustradora, fruto del trabajo conjunto entre diversas instituciones. El consistorio recibió a los familiares de la artista y, durante el encuentro, expresaron su profunda satisfacción por poder ligar para siempre el nombre de Arrazola al futuro Mercado de la Abacería, poniendo en valor la maestría de Amaia para plasmar el espíritu de las tradiciones gracienses en cada uno de sus coloridos trazos. La decisión de conservar estas ilustraciones responde a la voluntad de rendir un tributo póstumo a una vecina ejemplar y muy valorada. El proyecto final es el resultado de meses de intensa colaboración para encontrar la mejor manera técnica de integrar el arte en la arquitectura. Esta iniciativa permitirá que los ciudadanos sigan disfrutando de una obra que ya consideran parte fundamental del paisaje emocional de toda Gràcia.
El nuevo edificio contará con dos espacios expositivos diferenciados que albergarán las piezas recuperadas y adaptadas de la artista de Vitoria. El primero de ellos se ubicará en uno de los edículos de vidrio, orientado estratégicamente hacia la futura plaza pública del mercado. En este escaparate transparente se instalará una sección restaurada del mural original que decoraba las vallas durante el largo periodo de construcción. La ubicación garantiza que la obra sea visible para todas las personas que transiten por el exterior, integrándose plenamente en la vida diaria. Esta instalación busca generar un diálogo fluido entre la creación de Amaia, el entorno comercial del mercado y la ciudadanía que lo visita. A través de esta pieza, se transmitirán valores esenciales como la diversidad, la proximidad, la sostenibilidad y la fuerte identidad del barrio.
La restauración de los paneles originales ha sido un proceso muy cuidadoso para mantener la fuerza del trazo y el colorido característico. Será la primera parada de un recorrido artístico que invita a reflexionar sobre la importancia de los mercados como centros de convivencia. La segunda zona de homenaje ha sido bautizada oficialmente como el Balcón de Amaia y se situará en la planta superior del edificio. Desde este punto elevado, los visitantes podrán contemplar una serie de vinilos que reproducen fielmente el diseño original de la Travessera. La disposición de estos elementos permitirá observar la obra de la artista teniendo como fondo la actividad frenética de los puestos de venta. De este modo, los productos frescos y de proximidad representados en los dibujos entrarán en contacto visual directo con la realidad cotidiana.
Este balcón se concibe como un espacio polivalente desde el cual se podrá apreciar la magnitud del mercado y su dimensión artística. La integración de los vinilos asegura que la estética de Arrazola envuelva el interior del edificio de una forma elegante y respetuosa. Es una propuesta que difumina las fronteras entre el arte de exposición y el espacio funcional destinado tradicionalmente a la compra. La familia ha participado activamente en la definición de este rincón para que refleje fielmente la intención comunicativa que Amaia siempre tuvo.
De Vitoria a Tokio
Las ilustraciones de Arrazola en la Abacería son un compendio detallado de la cultura popular y los productos de temporada de Barcelona. En sus dibujos para el verano, la artista inmortalizó los adornos de la fiesta mayor de Gràcia y la alegría de la rumba. El otoño quedó retratado a través de la popular castañada y la emblemática torre del reloj que preside la plaza de la Vila. Al llegar el invierno, sus pinceles dieron vida al “tió” navideño, a las fiestas de Sant Medir, los “foguerons” y el carnaval. Finalmente, la primavera se desplegaba en su obra con la celebración de Sant Jordi y rincones tan queridos como la plaza del Sol. Cada estación estaba vinculada a los alimentos frescos que los vecinos pueden encontrar en las paradas del mercado según la época. Esta capacidad para conectar la alimentación saludable con el folclore local es una de las señas de identidad más potentes del mural. Los detalles y guiños a las tradiciones locales demuestran el profundo arraigo que la ilustradora sentía por el barrio donde residía.
Amaia Arrazola no solo dejó huella en Barcelona, sino que fue una artista visual de gran prestigio y reconocimiento a nivel internacional. Su talento la llevó a pintar murales de gran formato en ciudades tan diversas como Madrid, Milán, Vitoria, Pamplona, Rabat y Tokio. Además de su faceta como muralista, destacó en el mundo editorial con publicaciones muy influyentes como Wabi Sabi, editada en 2018. Otras obras destacadas de su bibliografía incluyen títulos como El Meteorito, publicado en 2020, y el volumen titulado Totoro y yo en 2022. En su Vitoria natal, colaboró con la histórica firma Fournier en un tarot y diseñó el cartel de las fiestas de La Blanca. También intervino espacios deportivos como el trinquete de Los Astrónomos, donde reivindicó a través del arte el papel de las mujeres pelotaris. Su estilo colorido y su trazo característico la convirtieron en una referente para nuevas generaciones de ilustradores que admiraban su versatilidad.

