“Con Karate Kid descubrí que respiramos igual que ellos: adapté el dar cera, pulir cera”
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Ahí estaba yo, con las manos embadurnadas de maquillaje, intentando que el pelo oscuro de Andrea pareciera claro para que encajase el gorro con escamas que había diseñado la Tarrés para impactar con una coreografía marina bajo los acordes de ‘El Océano’. La rutina anterior no había salido del todo bien. Repasaban el vídeo y la tensión era mayúscula. Andrea Fuentes habló. Sin alzar la voz, con la autoridad del liderazgo deportivo que tenía y sabiendo todas que nadie había sufrido más que ella para estar ahí. La mejor. La nadadora con más medallas. Habló y todas la creyeron. Salió España y ganó el bronce, sólo por detrás de Rusia y China. Un ejercicio original y brillante. La tensión hizo mella en mi cuerpo no preparado para la alta competición: gastroenteritis durante una semana. Andrea aún se ríe cuando lo recuerda. Ella había conseguido además la plata con Ona Carbonell, cuatro medallas olímpicas, 16 medallas en campeonatos del mundo, 16 en europeos…

