De Galtieri a Calamaro, el Argentina-Inglaterra es mucho más que fútbol
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«Este será un partido ideal para que se confundan los imbéciles». Lo escribió Jorge Valdano antes del Argentina-Inglaterra de México 1986. Los imbéciles -los que mezclan fútbol y política, las Malvinas con la pelota, el terreno de juego con la vida- llevan confundiéndose desde entonces. O quizá quien se confundió fue el propio Valdano, entonces delantero de aquella albiceleste que salió campeona. Porque ese partido —en la historia del Mundial, 'el partido'— fue mucho más que fútbol entonces y lo sigue siendo hoy, cuando Argentina e Inglaterra se vuelven a ver en el césped . Ambos buscan un billete para la final del próximo domingo en Nueva York/Nueva Jersey, un duelo bajo la sombra densa de esta rivalidad. Valdano buscaba lo que querría cualquiera con cabeza: quitar presión a los suyos. El 22 de junio de 1986, el día que se jugó aquel partido, la herida de la Guerra de las Malvinas —Falklands, para los británicos— seguía muy abierta en Argentina. La soberanía de estas islas remotas del Atlántico Sur, a 500 kilómetros de la costa argentina, estaba en disputa entre Argentina y Reino Unido, pero bajo control de este último. La dictadura militar en el poder en Argentina, liderada por el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, lanzó una invasión en abril de 1982 que fue repelida por los británicos. La guerra duró diez semanas y acabó en humillación de Argentina, que perdió cerca de mil hombres. Cuatro años después, todo el mundo tenía a la guerra y sus muertos en la cabeza cuando ambos equipos saltaron al terreno de juego en el estadio Azteca de México. También los jugadores, por mucho que Valdano dijera otra cosa. Fue el partido, por supuesto, del gol con la mano de Maradona a Peter Shilton . Y después el de la gambeta infinita desde su campo hasta la portería, el mejor gol de la historia del Mundial. El 'Diez' dijo muchas veces que lo hizo para «vengarse» de los caídos en Malvinas. Desde entonces y hasta hoy, esa guerra está en muchos de los cánticos de la poderosa y entregada hinchada albiceleste, que viaja como ninguna otra en el Mundial. El pasado fin de semana, todavía con el sufrimiento en el cuerpo tras la prórroga con Suiza en cuartos de final, lo primero que cantaban los argentinos es 'todo el que no salta es un inglés'. La célebre canción 'Muchachos', que fue la banda sonora de la victoria en Qatar 2022, dice: «En Argentina nací, tierra de Diego y Lionel/De los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». En la más popular en este Mundial, 'La cuarta estrella', se canta «por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo'» Y muchas más. Pero la rivalidad entre Argentina e Inglaterra viene de antes de la guerra. No tiene que ver con otros episodios bélicos, como los intentos de los británicos de invadir el Río de la Plata a comienzos del siglo, cuando este todavía estaba bajo dominio español. Su episodio futbolístico original fue otro partido de cuartos de final, el del Mundial de 1966, en Inglaterra. Se pegaron de lo lindo y el capitán argentino Antonio Rattin , fue expulsado a los 33 minutos. Un gol con probabilidad en fuera de juego dio la victoria a Inglaterra, que acabaría ganando su Mundial. Fue uno de los partidos más duros de la historia de la competición. El seleccionador inglés calificó a los argentinos de «animales» y se cree que el duelo fue la razón de que la FIFA instaurara el sistema de tarjetas amarillas y rojas para el siguiente Mundial. Lo que no se podía esperar ese 22 de junio de 1986 es que el partido en el estadio Azteca fuera tan significativo para la historia del fútbol que incluso la revancha inútil contra los ingleses -a los chicos que mandaron al matadero a unas islas llenas de ovejas no les sirvió la victoria en la cancha- quedó empequeñecida. El encuentro fue un monumento al fútbol por parte de Maradona, que fijó en el estadio mexicano el espectro amplio del juego, de la picardía al talento puro. El 'Diez' hizo maravillas todo el partido, con el equipo a su espalda. Pero acumuló en pocos minutos los dos instantes más famosos de la historia del fútbol. El gol con la mano, tan célebre como la explicación del jugador: fue «con la cabeza de Maradona un poco, y con la manod de Dios, otro poco». Y el gol arrancando desde el medio del campo, todavía no superado. Lo explicó mejor que nadie Eduardo Galeano . Maradona fue «capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no solo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, que su mano robó». El escritor uruguayo apuntilló que Maradona «fue adorado no solo por sus prodigiosos malabarismos, sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses». Aquellos dos momentos traspasaron lo futbolístico para convertirse en iconos populares. La 'mano de Dios' se convirtió en un lugar común, del que se han escrito libros, se han pintado murales y se han compuesto canciones: desde el cuarteto cordobés de Rodrigo 'El Potro' Bueno que arranca con 'En una villa nació' o 'Touched by the Hand of God', de los ingleses New Order, que utiliza la frase de Maradona. Del otro gol, el del genio, varias generaciones memorizaron la narración de Víctor Hugo Morales -«Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar atrás a tanto inglés»-, soñaron con emular la gesta y gritaban 'ta, ta, ta' -otra parte de la narración- al regatear al contrario. «Cuando era niño y conocí el estadio Azteca/me quedé mudo, me aplastó ver al gigante«, cantó Andrés Calamaro, con letra de Marcelo Scornik, en 'Estadio Azteca', otro homenaje al momento que ha quedado en la cultura popular. Como Valdano entonces, Lionel Scaloni, el impecable seleccionador argentino, insiste en que el partido contra Inglaterra de este miércoles «es solo un partido de fútbol». Se equivoca también. Es más que fútbol. Si no, no sería tan interesante.

