Así queda la clasificación tras ganar el Barcelona a Osasuna: qué tiene que hacer el Real Madrid para evitar el pasillo
El Barcelona ha ganado a Osasuna y tiene LaLiga a tiro, a un tiro muy cercano. Depende de lo que haga el Real Madrid contra el Espanyol en Cornellá este domingo. Si no gana, se acaba LaLiga y empezará la polémica del pasillo para el clásico del próximo fin de semana en el Camp Nou.
Catorce puntos de ventaja
La victoria azulgrana en Pamplona fue un golpe sobre la mesa, pues situó al conjunto de Hansi Flick a una distancia sideral del Real Madrid. Catorce puntos, para ser exactos, separan ahora a culés y merengues en la tabla clasificatoria. Una renta que, en este tramo final de temporada, es antoja insalvable. El escenario es el que muchos esperaban, o quizá temían, según el color de la bufanda. La Liga pende de un hilo, y ese hilo está en la bota de los jugadores del Real Madrid en su visita a Cornellà. Si el domingo no son capaces de sumar los tres puntos contra el Espanyol, la competición habrá terminado antes de tiempo.
Este desenlace adelantado, más allá de la decepción deportiva para el madridismo, abre un debate espinoso que ya ha empezado a calentar los corrillos del fútbol: el del pasillo. Tradición o obligación, gesto de respeto o humillación encubierta. La cuestión es que, si el Real Madrid no gana en Barcelona, el conjunto culé podría proclamarse campeón sin necesidad de disputar el Clásico del próximo fin de semana en el Camp Nou. Y es ahí donde entra en juego ese protocolo no escrito, pero profundamente arraigado en la cultura futbolística española, del pasillo de honor.
El pasillo
La lógica es aplastante. Si el título de Liga ya está en el zurrón del Barcelona antes de enfrentarse al eterno rival, la protocolaria ovación de salida se convierte en una posibilidad palpable. El Real Madrid tendría que afrontar la disyuntiva de rendir pleitesía a su máximo rival. Un gesto que, para muchos, debería ser automático, un reconocimiento a la superioridad mostrada a lo largo de la temporada. Otros, sin embargo, lo consideran un agravio, una renuncia tácita a la competitividad que define a un club de la talla del Real Madrid.
Arbeloa habló de esto: "No es mi mayor motivación. Mi mayor motivación es ganar los tres puntos porque es lo que necesita el equipo, porque es lo que requiere este escudo y es lo que nos hace falta después de los resultados que no hemos conseguido sacar en las últimas jornadas. Esa es mi mayor motivación. No encuentro mayor motivación que ganar mañana al Espanyol"
Sin embargo, no todo está decidido. El destino de LaLiga, y por ende la controversia del pasillo, todavía reside en el césped de Cornellà. El Real Madrid tiene la oportunidad, y la necesidad, de reescribir este guion. Una victoria contra el Espanyol mantendría viva la llama de la competición, posponiendo la celebración azulgrana y otorgando al Clásico del Camp Nou el brillo de un partido con auténtico significado competitivo. No sería una final, pero sí una oportunidad para el orgullo, para maquillar un final de temporada que, de no ser por esa victoria, quedaría teñido por la resignación y la inevitable polémica.
Todo depende del Espanyol
Lo que sucede en Cornellà este domingo tiene implicaciones que trascienden el propio resultado. Si el Real Madrid cumple y se lleva los tres puntos, el foco se mantendrá en la lucha por el subcampeonato, en la configuración de las próximas competiciones europeas, en la propia imagen del equipo. El Clásico seguirá siendo un duelo de máxima rivalidad, con dos equipos buscando la victoria por el simple hecho de ser quienes son. Pero si los blancos no logran perforar la meta blanquiazul, la narrativa cambiará radicalmente. El partido contra el Espanyol se convertirá en la eliminatoria previa a la coronación, en el último obstáculo antes de la fiesta.

