Más victoria que perdón en el Real Madrid - Alavés (2-1)
Justo después de marcar un buen gol desde fuera del área, Vinicius no sonrió. No tenía ganas y, mientras era felicitado por sus compañeros, levantó los brazos, como pidiendo perdón, y después, por si no había quedado suficientemente claro, juntó las palmas de las manos en un gesto que no dejaba ya ninguna duda de que estaba pidiendo perdón. Por la eliminación del Bayern, por su partido, por sus últimas temporadas, por lo que hizo contra el Barcelona o por todo. Pidió perdón, serio, en un momento que debía de ser de más o menos felicidad y en esa imagen puede quedar resumida la temporada del brasileño y del resto de sus compañeros: no ha habido felicidad constante, siempre ocurría algo cuando las cosas parecían que iban a ir bien y, al final, han ido mal. Después, al acabar el partido, también Camavinga recorrió parte del campo pidiendo perdón
A seis puntos del Barcelona
No lo fueron contra el Alavés, el primero de los siete partidos que podían ser de penitencia para los de Álvaro Arbeloa y que, por ahora, hasta que juegue el Barcelona esta noche, son de leve esperanza. El Real Madrid está a seis puntos y, como soñar es libre y no tiene reglas ni necesita responder a la realidad, se puede imaginar una derrota del equipo de Flick, que la distancia se quede en esos seis puntos, con un Clásico por jugar. Cuentos de la lechera, pero que se pueden dar hoy. Aunque no tienen mucho más recorrido, en principio.Un gol de rebote
El Real Madrid los puede construir porque ganó a un Alavés que lo intentó, que pudo adelantarse antes y que se marcha con la sensación de que se cayó al primer soplido, a la primera vez que el azar se puso en su contra. Porque fue el azar el que llevó al Real Madrid, a Mbappé, a marcar el tanto que inclinó el partido y la noche. Su tiro desde fuera del área rebotó en un rival y dejó en absurda tierra de nadie a Sivera. Kylian, un jugador muy consciente de lo que pasa a su alrededor, casi tuvo vergüenza de celebrarlo, y cuando fueron a abrazarle no pudo reprimir una sonrisa.
El gol fue un poco el partido. Nada del otro mundo, uno más de esta temporada, con un Real Madrid que ni emociona ni entristece y cumple con su cometido como si estuviese en la oficina. Ya no va a soltarse a jugar bien a estas alturas de la temporada, sería absolutamente inexplicable, así que estos encuentros, si el Barcelona no falla ya, consisten en no hacerse mucho daño, es decir, en ganarlos para evitar tormentas.
Lesión de Militao
No la hubo al principio en el Bernabéu, aunque muchos la temían porque ya ha habido precedentes este curso, pero la imagen contra el Bayern no fue mala y, más o menos, ya está todo finiquitado. Era martes, la primavera se había estado torciendo durante la tarde en Madrid, la gente llegó justa al estadio, se lesionó después Militao y casi ni hubo ganas de cargar tintas y echarse encima de los futbolistas. Fue un recibimiento frío, más indiferente que enfadado, lo que tampoco es necesariamente bueno. Una bronca deja mal cuerpo a quien la recibe y a quien la echa (si tiene un mínimo de corazón), pero también muestra interés, que se cree en el otro, que ha habido decepción y, por tanto, paradójicamente, cariño o apego.
Pitos a Vinicius
A quien se señaló fue a Vinicius durante los primeros minutos y fue pitado cada vez que recibía un balón. Pero con el tanto de Mbappé, todo se calmó. Antes de su gol, tuvo que ser Lunin el que frenara las ocasiones del conjunto vitoriano. Se jugaba mucho más que el Real Madrid, pero la diferencia de calidad fue evidente. El conjunto blanco solo necesitó dos golpes para decidir el choque.
El tanto de Vinicius acabó con la poca emoción que tenía el encuentro, Arbeloa hizo cambios para dar descansos, pues casi había apostado por el equipo de Múnich (con Güler, Tchouameni, Bellingham y Valverde, que suena a equipo titular si no hay fichajes) con Carvajal en el banquillo, aunque saldría después.
El partido perdió tensión por parte del Real Madrid, aunque el Alavés siguió intentando superar a un gran Lunin, mientras el Real Madrid dejaba que pasasen los minutos y Camavinga salía al campo para llevarse pitos cada vez que tocaba la pelota.
Era tan evidente el dejarse ir que marcó el Alavés y parte del Bernabéu, lean entre líneas, lo celebró.
El Real Madrid recibe al Deportivo Alavés en la jornada 33 de LaLiga EA Sports, después de la eliminación hace casi una semana de la Champions en Múnich, por lo que busca lamerse las heridas y no volver a fallar en su misión casi imposible de pelear el título doméstico al líder FC Barcelona, mientras el conjunto vasco, en buena racha, quiere seguir fuera del descenso puntuando en un estadio en el que solo ha ganado en dos ocasiones en su historia.
