El Atlético golpea duro en el Camp Nou en la ida de cuartos de Champions (0-2)
Unos minutos mágicos para el Atlético y terribles para el Barcelona definieron este primer acto de los cuartos de la Champions. Los dos equipos estaban protagonizando una gran batalla, con alternativas, y cerca del final del primer tiempo Giuliano se coló a la espalda de la defensa azulgrana. Otra vez él, como en casi todos los choques que han disputado esta temporada. La forma de jugar de los catalanes, el riesgo, le va de maravilla para explotar su velocidad. Cubarsí, que era el que rompía el fuera de juego, llegó por detrás y lo derriba siendo el último. El árbitro sacó amarilla de primeras, pero desde el VAR le pidieron que la revisara, y cambió el color: roja. Pero la acción no quedó ahí, porque la falta la sacó Julián Álvarez y puso el balón impecable en la escuadra, lejos del vuelo de Joan García. El cielo para unos, el infierno para los otros.
Hasta ese momento, un buen comienzo del Barcelona, con Rashford veloz y rematador por la izquierda y Lamine Yamal diabólico por derecha; la réplica del Atlético con la velocidad, mucha valentía para salir con el balón jugado y combinando la presión arriba con el repliegue; y el último arreón de los locales. En medio de él, llegó la tormenta de la doble acción.
El dilema estaba servido: ¿qué haría el Barcelona en inferioridad? ¿cómo afrontaría el partido el Atlético en superioridad? Los azulgrana no cambiaron mucho la idea de ir arriba, y Flick apostó por dos jugadores muy físicos como Gavi y Fermín, aunque uno de los sacrificados tuviera que ser Pedri. El otro, el veterano, Lewandowski. Los rojiblancos apostaron por ser comedidos. La ventaja era un tesoro, y más teniendo en cuenta que en el Metropolitano son un equipo muy poderoso. Pero podía rematar a su oponente. Tuvo paciencia.
El Barcelona le puso fe y durante mucho rato no parecía que estuviera con diez futbolistas en el césped. Apretó, mordió, recuperaba la pelota en zona de peligro y creaba ocasiones, especialmente en las botas de Rashford, ya como delantero centro. El inglés no tuvo ninguna oportunidad inmejorable, imperdonable, pero sí dispuso de varias que pudieron acabar dentro, entre ellas un lanzamiento potente de falta.
Simeone no estaba satisfecho y volvió a dar una vuelta a su equipo. La segunda, pues antes lo tuvo que hacer por la desgraciada lesión de Hancko, que se torció el tobillo él solo. Entró Baena, calidad y energía, y Sorloth, otro futbolista que le tiene tomada la medida al Barcelona. Griezmann se multiplicó en esos momentos, se metió en el centro del campo para acumular ahí más jugadores y se dio un respiro el Atlético. Seguía sin apretar la portería de Joan García, pero tenía más la pelota en sus pies.
Simeone suele hablar de la contundencia en las áreas como factor determinante del fútbol, y su equipo la tuvo. En la contraria, la primera vez que atacó de verdad, encontró premio, con la llegada de Ruggeri por la izquierda y el centro que remató Sorloth. Estuvo algo blando Gerard Martín en la marca. El 0-2 ya sí era un tesoro importante de verdad. Siguió sin volverse loco el Atlético en busca del tercero. Los minutos también jugaban en contra del Barcelona, por el cansancio acumulado por ser uno menos.
El Barça siguió insistiendo en busca de un gol y Lamine Yamal pidió los balones, abandonando incluso la banda, buscando a veces lo imposible, regatear a medio equipo rival. Se desesperaba el adolescente cuando le quitaban la pelota. Las ganas de Fermín tampoco fueron suficientes para que los azulgrana recortaran, o la paliza que se dio Olmo. Ni el cabezazo de Araujo nada más entrar. El Barcelona no se puede reprochar nada en lo que respecta a la actitud y el Atlético supo aprovechar las circunstancias para quedarse cerca de las semifinales.

