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El Real Madrid pierde contra el Mallorca y vuelve al diván (2-1)

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Aunque tiene que jugar aún el Barcelona en el Metropolitano, la derrota del Real Madrid en Mallorca sonó a despedida de LaLiga. En el momento clave, cuando empezaba el esprint final, el que decide todo, el equipo de Álvaro Arberloa mostró su cara mala, la que había escondido en las últimas semanas, estas en las que ilusionó a todo el madridismo. En Mallorca se cargó de un plumazo esas esperanzas, en una segunda parte para olvidar, fea, sin fútbol y como si no hubiese ambición, con todas las estrellas en el campo, lo que da para muchas conversaciones.

Fue un Madrid potable en la primera mitad, cuando hasta debió irse con un marcador favorable, pero fue un equipo insufrible después, cuando tenía que remontar y dejarse la vida en el campo porque se le iba LaLiga. No supo, no le salió de ninguna manera. Y cuando estuvo un pelín cerca, gracias al empate en un saque de esquina de Militao, dejó que Muriqi marcara el tanto que daba la victoria al Mallorca y mandaba al Madrid al sillón de las preguntas no resultas, de las derrotas dolorosas que marcan, puede que definitivamente, la temporada.

Sin ideas

No se vio el orgullo madridista que tanto ha repetido Arbeloa desde que llegó el banquillo ni tampoco la mano táctica del entrenador de la que tanto se ha hablado en los últimos días, y con razón. Quizá es que la ausencia de Fede Valverde ahora pesa como un camión en el juego del equipo. O que no se puede prescindir ya de Pitarch en el centro del campo porque entonces se abre un abismo o que el equipo es lo que es y cuando un rival se le cierra, como hizo el aguerrido Mallorca, no hay nada que rascar, sólo dársela a Mbappé para que corra o después, a Vinicius, para que corra.

 

El Real Madrid dejó su peor imagen cuando el martes recibe al mejor Bayern de los últimos años y quemando ya las últimas balas que separan el éxito del fracaso, pues no hay punto intermedio para un club como el blanco.

Mejor primera parte

La segunda mitad emborronó lo que se hizo bien durante la primera. No fue para exagerar, la verdad; pero tampoco para llegar al descanso con un gol en contra. Leo Román negó el gol a Mbappé un par de veces y ahí murió el Real Madrid, porque apenas iba a generar ocasiones en la segunda mitad. En la primera, seguimos, sí generó y según se afianzó en el campo, fue superior. Con Mbappé probando al portero y Güler siendo clarividente las pocas veces que tocó la pelota. Muy pocas, por cierto. Arbeloa, sin Valverde, dio descanso a Pitarch y a Vinicius y no creyó conveniente dar la titularidad a Bellingham. Con Brahim, Güler, Camavinga, Tchouameni y el joven Manuel Ángel, el equipo se llenó de centrocampistas, pero no de fútbol.

Mal Camavinga

Ninguno de los cinco tuvo su día. Menos que nadie Camavinga, lento para llegar a Morlanes, en el gol del Mallorca, que ya había avisado antes. Rüdiger y Huijsen que ya tenían bastante con Pablo Torre y, sobre todo, Muriqi, no fijaron la llegada del mallorquinista y Camavinga le siguió con la desesperanza encima. No llegó claro.

Muriqi mata

Con el gol en contra, la segunda parte fue una pequeña tortura para el Real Madrid porque ni sacando a sus jugadores más resolutivos cambió el ritmo cansino, el fútbol sin alma o sin capacidad (elijan la que les duela menos) que lucieron los futbolistas blancos. Vinicius salió con fuerza, pero fueron fuegos artificiales.

Parecía de verdad, fuego de verdad, el gol de Militao, en un saque de esquina, la única forma de llegar. Un puntito hasta parecía bueno según iba la tarde. Pero ni aguantó eso. La jugada asesina partió por el lado de Trent, que tuvo un día..., y acabó en los pies de Muriqi, un futbolista que se merece ya una novela.

RCD Mallorca - Real Madrid: Jornada 30 de LaLiga EA Sports, en vivo online

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