Victoria mínima y premio máximo para el Barcelona ante el Rayo (1-0)
El Barcelona sacó tres puntos de milagro ante el Rayo Vallecano para llegar al parón con una buena ventaja al frente de la clasificación. Fue una victoria de mínimos, pero el premio es máximo para el líder, que seguramente agradezca esta ventana de selecciones después de unas semanas de mucha acumulación de encuentros y de esfuerzos, con la eliminación de Copa, la clasificación en Champions y la resistencia en Liga, especialmente en este partido contra los madrileños. Los azulgrana dieron sensación de cansancio, más mental que físico, aunque suelen ir de la mano.
El equipo de la franja ya demostró en la primera vuelta que sabe cómo hacer daño al Barcelona. El Camp Nou es un escenario imponente, pero allí volvió a demostrar que lo tiene muy estudiado y también tuvo en sus botas sacar algo contra el conjunto catalán. Iñigo Pérez sorprendió con su once y guardó balas para una segunda parte en la que, especialmente en el tramo final, fue el dueño del partido. Con valentía, con la defensa adelantada y sin meterse atrás, el Rayo jugó de tú a tú a un Barcelona que notó la fatiga y quizá el bajón de adrenalina después de lo vivido el pasado miércoles en Europa. Pedri casi nunca tuvo el control y eso suele ser sinónimo de que los encuentros entran en el terreno de la locura en general, y en el de la incertidumbre para los azulgrana. Al comienzo ya avisó el Rayo con una llegada clarísima. Presionó mal el Barcelona y tuvo el valor Batalla de no pegar el pelotazo y salir con un pase. Eso lo limpió todo, descompuso al rival y el equipo de Vallecas tuvo espacios. Chavarría se coló por la izquierda y centró al área. Joan García se hizo grande para detener el remate de Carlos Martín.
Apenas se había cumplido el primer minuto. La intervención fue buenísima, pero no sería la mejor del portero del Barça, que llegaría al final. Poco antes de llegar al 90, el guardameta metió las manos a un tiro cruzado de De Frutos que hubiera hecho justicia a los méritos de los madrileños.
En la primera parte tuvo más presencia el Barcelona, con un mano a mano de Raphinha después de un error de Pathé Ciss, que el brasileño, con la pierna derecha, tiró fuera; y con un remate al larguero también el «11». El balón fue desviado y Batalla metió una buena mano para mandarlo a la madera. Pidió un penalti el Barça de Pathé Ciss a Lamine, y el Rayo se quejó de otra patada de Fermín a Ratiu algo más clara, aunque las dos acciones son de árbitro de campo en las que el VAR no suele intervenir. El gol llegó en un saque de esquina que cabeceó Araujo. Choques así en ocasiones se deciden a balón parado, en los detalles.
Todavía tuvo un arrebato en la vuelta del descanso el Barcelona con varios balones de esos que se pasean por el área sin que nadie los lleve a la red. Ferran Torres había sustituido en el descanso a un casi invisible Lewandowski, pero ni uno ni otro estuvieron acertados. En el Camp Nou empezó a haber ese runrún característico de que algo no iba bien. Los futbolistas locales se fueron desinflando y ya no sólo perdieron el empuje, también perdieron el balón.
El encuentro entró en un terreno más físico, en pelotas divididas, en duelos que solían ganar los futbolistas de Iñigo Pérez. Joan García tuvo que tirar de reflejos para desviar un cabezazo de Unai López, y después hizo el paradón de De Frutos. En medio, Pacha Espino rompió el fuera de juego entrando desde atrás. El gol parecía cantado, pero su remate se fue por encima del larguero.
Al Barcelona le costaba retroceder y en ataque ya sólo tenía la velocidad de Rashford. No podía dormir el partido ni, pese a la buena labor de Cubarsí y Gerard Martín, se defendió bien en general, como bloque, como sí hizo contra el Athletic Club o contra el Newcastle. Pero resistió. Al Rayo también le faltó energía en el añadido para seguir inquietando.

