Un golazo de Molina basta al Atlético
Un golazo de Molina cercano a la ciencia ficción avisó a los espectadores del Metropolitano de que era mal momento para la siesta. La hora –16;15 h.– y las rotaciones de Simeone, con el instrascendente Obed Vargas desde el comienzo, no animaban a pensar en una tarde de diversión.
Hasta que, de repente, sin que nadie esperara mucho de la jugada, Nahuel enganchó una pelota con el empeine exterior varios metros fuera del área que fue dibujando en su camino una parábola hacia la escuadra de la portería de David Soria. Ni la distancia ni el rematador hacían pensar en un desenlace de ese estilo. Pero a los ocho minutos el Atlético ya ganaba 1-0 y no le hizo falta más.
De medio campo hacia delante Koke y Sorloth sostenían a un equipo cargado de secundarios. Pubill se encargaba de hacer lo mismo por detrás. Ni siquiera Oblak, por unas molestias musculares, estaba sobre el campo y era Musso el que ocupaba el arco.
Y con eso el Atlético fue tirando hasta llevarse los tres puntos con más esfuerzo del que imaginaba. Mucho tuvo que ver Musso en ese resultado. El guardameta argentino ya había evitado un gol de Arambarri cuando apareció en el tiempo añadido para despejar un remate de cabeza de Liso que iba camino de convertirse en el empate a uno y ya sin tiempo para reaccionar.
Entre medias, un partido que se fue embarullando por acciones como la de Abqar que provocó su expulsión. Lo primero que llamó la atención es que Sorloth lo agarró del brazo para tirarlo al suelo, pero el VAR llamó a Ortiz Arias para que revisara la jugada. Y el gesto del noruego era sólo la respuesta a la provocación de Abqar al pellizcar la zona genital al delantero rojiblanco. Sorloth se llevó una amarilla y el central del Getafe, la expulsión.
El partido se alargó, pero no murió en ese momento. El Getafe no renunció a llevarse algo. Y mientras el Atlético se animaba con la entrada de Lookman, Giuliano, Griezmann, Julián Álvarez y Llorente en el segundo tiempo, el Getafe esperaba su momento.
Podía haber liquidado el partido Giuliano, pero se empeñó en buscar un pase más dentro del área y la jugada se perdió. No era un día para perderse en florituras. Lo único que esperaba Simeone es que su equipo se llevara los tres puntos sin que el partido le dejara muchas secuelas. Y, aunque se temió por la salud de la rodilla de Baena en una entrada de Domingos Duarte, el objetivo lo consiguió.
Y, además, el encuentro le sirvió para comprobar que hay vida más allá de Oblak, que Musso está preparado para defender la portería del Atlético en cuanto lo decida Simeone. Y para salvar a su equipo si hace falta. Como hizo al final del encuentro con Liso. Ya había avisado Nahuel Molina en el comienzo de que la siesta podían ser peligrosa. Aunque con ese golazo fue suficiente.

