El Real Madrid pierde la esperanza y contra el Getafe (0-1)
Quizá hubiese sido mejor no esperanzarse con el liderato antes del partido contra Osasuna, porque ahora duele un poco más este desangrarse, esta manera de ir cayendo en la clasificación cuando se había adquirido algo de esperanza. No pudo contra Osasuna en El Sadar y fue terriblemente impotente contra el Getafe de Bordalás, más Getafe de Bordalás que nunca. Sin velocidad, sin profundidad, sin capacidad para la rabia, sin nadie que pudiese romper la monotonía, el Madrid se fue quedando sin Liga. Queda mucho, es verdad, pero es que no se ve en el equipo de Arbeloa una evolución. Un día parece que sí, dos son que no y no avanza.
El Getafe le aburrió, le cerró todas las puertas, le sacó de quicio según pasaban los minutos, le mostró en el espejo su peor imagen: la de un equipo que no tiene más salida que buscar a Vinicius para que éste vaya contra todos. Pero el brasileño chocó una y otra vez contra un muro, desesperándose a sí mismo y a un público que no termina de acostumbrarse a esta temporada. Hubo enfado contra el colegiado y contra el Getafe y su fútbol contra el fútbol, pero al final la pitada fue contra los jugadores, en el descanso y al final. El modo que tiene el público de sacarse la desesperanza en la que ha caído.
Ni el arreón final del Real Madrid
Por no haber, no hubo ni el arreón de la necesidad, cuando el estadio se cae hacia la portería contraria y el portero rival acaba como el mejor futbolista del encuentro, pegado a sus defensas o gritando desesperadamente que salgan, que no se hundan. Nada de nada. Una ocasión de Carvajal y poco más. Solo protestas y no saber qué hacer ante lo que pasaba, solo sumar amarillas que complican aún más la defensa contra el Celta el viernes o una roja, como le sucedió a Mastantuono con el partido ya casi cerrado. Es la impotencia.
Porque eso fue lo peor. No hubo actitud porque no hubo capacidad. Y es que Arbeloa apostó por Pitarch en el centro del campo buscando la novedad y el dominio de la pelota. Con él y con Güler había, a priori, más calidad para sacar el balón, pero lo que se vio no se diferenció en exceso de otros días. Pitarch pasó inadvertido, a veces demasiado pegado a la banda izquierda, casi siempre demasiado adelantado para empezar a construir el juego. Demasiado, también, tímido en su estreno. No es el mejor año para estrenarse este.
Un Real Madrid lento
Los movimientos de los centrocampistas fueron constantes. Güler aparecía por un lado, Valverde por el otro; luego sucedía al revés. Había movilidad, pero: ¿para qué?La pelota nunca acompañaba ese dinamismo; al revés, iba lenta y al pie, siempre al pie; imposible pillar a alguien así. Así que las jugadas acababan en el pie de Vinicius y este intentaba la jugada imposible que, literalmente, significa que no es posible.Solo dos veces asustó el Real Madrid a un Getafe bien posicionado y serio. Un robo que no fue gol porque Vini no superó a Soria y una jugada con ruleta de Güler (lo mejor, lo único, no pesa, no pesa el turco).
Golazo de Satriano
El Getafe, ya decimos, era feliz porque el plan era ese: tapar y esperar y desesperar y, si del cielo caía una ocasión, no dejarla pasar. Cuando cayó, Satriano metió un golazo espectacular, una volea no fácil contra la que el vuelo espectacular de Courtois no sirvió para nada. Estaba llegando el final del primer tiempo. Quedaba todo el segundo. Arbeloa hizo cambios, quitó a Trent (tenemos que hablar de Trent), sacó a Rodrygo, a Mastantuono, a Brahim. A toda la caballería, pero no hubo corneta ni ideas ni decisión ni ataque ni fútbol ni esperanza.

