Vinicius pone Lisboa patas arriba
El brasileño marca un golazo extraordinario y denuncia un insulto racista de Prestianni que para el choque. El Madrid cuaja el mejor partido europeo del curso, con Tchouaméni enorme
El Real Madrid puso en ventaja la eliminatoria frente al Benfica mostrando todo lo que no encontró en su anterior visita. Solidez, fútbol y jerarquía, manejando la pelota y las emociones con un Vinicius protagonista. Anotó un gol extraordinario, repleto de clase y precisión, celebró el tanto con un baile y denunció un insulto racista de Prestianni, que ocultó su falta tapándose la boca con la camiseta. Se paró el partido, no se encontraron pruebas del crimen y se reanudó un duelo que ensució la imagen de un grande como el Benfica. Abucheos y lanzamiento de objetos al brasileño, que no se achantó. Como todos sus compañeros, con Tchouaméni a la cabeza, que cuajaron un partido estupendo. Antes y después de unos incidentes que sólo perjudicaron al cuadro lisboeta.
Nada tuvo que ver el episodio 2 con el 1 de estos Benfica-Real Madrid. En esta ocasión, sin la agonía encarnada de jugarse el pescuezo, el Benfica probó a intimidar de salida y encontró esta vez un enemigo resuelto. A la tempranera colada de Aursnes respondió Rüdiger con despeje y bronca a sus compañeros, que prefirieron aplicarse a enfrentarse al alemán. Calcó Arbeloa el equipo que batió a la Real con la única novedad de Mbappé por Gonzalo, y aunque costó enganchar con los de arriba, el Madrid sufrió poco. Camavinga se volcó a la izquierda para evitar el dos contra uno a Carreras, con Güler en el eje junto a Tchouaméni. El Benfica arrollador y desbordante por bandas tuvo que replegarse por orden del Madrid.
Ha encontrado solidez el Madrid con el 4-4-2 que permite salir a presionar a campo contrario, donde Tchouaméni es capitán general. Conste que tuvo una ocasión clara el equipo de Mourinho, casi de la nada, en un balón sobre la frontal que controló el noruego Aursnes, voleó y la pelota se envenenó tras tocar en Rafa Silva. Imposible para un portero normal. No para Courtois, que se retorció para sacar la pelota de su esquina derecha. Una parada monumental.
El crecimiento del Madrid en el primer tiempo fue exponencial. Empezó a salir por la derecha, con esa facilidad de Trent para poner la pelota en el sitio exacto. Un pase preciso del inglés a Valverde acabó en pase atrás que Vinicius remató cruzado, rozando el poste. Clara. Alargó las jugadas el equipo español y encontró los huecos al Benfica. En otra jugada similar por derecha cambiaron los papeles Valverde y Trent que metió un centro tenso y Mbappé, solo en el área, no atinó con la derecha. El monólogo madridista final, justo antes del descanso, tuvo como héroe a Trubin, que además de consumado cabeceador demostró ser un portero excelente. Sacó un tiro duro y centrado de Kylian, cierto, pero después metió una mano prodigiosa a remate de Güler, cruzado, de gol. Lo evitó el ucraniano.
No hubo cambios en la pausa, pero sí que cambió el decorado. Mantuvo el Madrid la autoridad de salida y en una contra condujo Mbappé, descargó a la izquierda y Vinicius construyó un monumento. Toque hacia fuera para ganar ángulo y rosca a la escuadra. Se fue Junior al banderín a bailar, se lo afearon los rivales, Otamendi a la cabeza, compró el árbitro que era provocación y cuando se iba a reanudar el juego Prestianni, también canchero, le dijo algo a Vinicius tapándose la boca con la camiseta. «Mono», aseguró el brasileño que el dijo el angelito, al denunciarlo ante el árbitro. Protocolo de racismo. Bronca. Otamendi y Mbappé airearon sus cuentas pendientes del Mundial, Lettexier pidió que se revisaran las imágenes para comprobar la falta y, al no encontrarlas, reanudó el partido, con agresor y agraviado en el campo.
Reaccionó mal la afición del Benfica, que compró la versión de su futbolista y pitó en cada pelota a Vini. Y a Mbappé. El pollo no afectó al brasileño, que hizo daño a la contra. Remató tres veces, y en todas se encontró con Trubin, seguro. Así que Mourinho hizo los cambios y agitó el partido, que parecía controlado por Tchouaméni y sus muchachos.
Entró Sudakov, una pesadilla en el par por Rafa Silva, fuera de foco, y también Ríos, un buen pelotero. Extendió su dominio al área Courtois, que alargó los brazos en los centros laterales. El técnico portugués retiró a Prestianni después de ver una amarilla por fingir una caída dentro del área, e incendió el estadio al pedir la segunda amarilla para Vini como un poseso hasta ganarse la roja.
Con el parón se alargó 12 minutos el desenlace con el estadio hirviendo. Cada córner era un Vietnam. Otamendi le enseñó la Copa del Mundo tatuada en el pecho a Vinicius. Cayó un vaper al área que pudo abrir la cabeza a alguien. Azul o rojo. Sólo se puede reprochar al Madrid que no rematara la eliminatoria. En el resto, se comportó como lo que es. El Rey de Europa.
/Marca

