De repente, crisis: el Barcelona pierde contra el Girona (2-1) y cede el liderato al Real Madrid
Ni de penalti se movió el marcador en la primera parte, pese a todas las ocasiones que hubo en las dos porterías. En la última jugada justo antes del descanso, Blind, que estaba haciendo un partido catedralicio, se equivocó, Olmo se adelantó a su intento de despeje, y le hizo penalti. Parecía que el lanzador iba a ser Raphinha, finalmente lo tiró Lamine Yamal, pero la pelota se estrelló en el palo. Fue el mismo poste que antes había despedido un balón de Raphinha. Fueron las dos ocasiones más claras del Barcelona, no las únicas, contestadas con otro buen puñado del Girona. Lamine fue el que más perdonó en los azulgrana, aparte de la pena máxima, otras dos claras, mientras que Vanat tuvo las opciones inmejorables de los locales, pero en una le faltó decisión para lanzarse antes a por el remate, y llegó tarde; y en la otra se encontró con la gran parada de Joan García. Pero el verdadero protagonista del equipo de Míchel estaba siendo Bryan Gil, un tormento para Koundé. Lo intentó sin parar por la banda izquierda del ataque del Girona, fue hábil, profundo, puso buenos centros e incluso tuvo piernas para ayudar en defensa, pero nada. El encuentro iba y venía sin mucho control de nadie, con dos defensas adelantadas y dos conjuntos que presionaban mucho, provocaban errores y robaban. El centro del campo, durante gran parte, era sólo un lugar de paso, no de elaboración. Se llegó al intermedio 0-0, pero bien pudo ser un 3-3 o algo similar.
El partido no cambió a la vuelta de los vestuarios, pero sí cuando llegaron los goles. El primero lo marcó Cubarsí, de cabeza, después de un pase de Koundé, pero el Barcelona no supo mantener la ventaja ni tres minutos, y Lemar empató. Como si no se lo esperara, el equipo de Flick se terminó de desordenar. El guion era similar, locura, ida y vuelta, pero el que encontraba los espacios era el Girona, incluso tras los cambios de Bryan Gil y Lemar, que se fueron al banquillo con el pan ganado, porque se pegaron una paliza y fueron letales. Los dos jugadores que entraron, Fran Beltrán y Joel Roca, tuvieron la primera oportunidad, de una banda a otra, pero el cabezazo del segundo fue a donde estaba Joan García. También Flick tuvo que proteger a Raphinha, que acaba de volver de una lesión y tenía pactado jugar una hora, más o menos.
La exhibición del portero del Barcelona no había hecho más que empezar. Las llegadas del Girona eran claras y Joan García hizo un par de paradas que en ese momento parecían salvadoras para los suyos. La más espectacular, una a Vanat, desde el suelo, lanzándose con la mano. El gol no hubiera valido por fuera de juego, pero sí el remate de antes de Iván Martín. También la oportunidad más clara que tuvo Joel Roca poco después, al escaparse del fuera de juego y encarar la meta azulgrana. Buscó un pase, pero no estaba claro, y se la jugó él, para encontrarse con el pie salvador del cancerbero. Míchel, con las manos en la cabeza, no se lo podía creer. Flick se lamentaba, porque el encuentro se le había ido definitivamente de las manos a los suyos.
El Barcelona no encontró el norte tampoco con la entrada de Lewandowski y Marc Bernal. Siempre pareció mejor situado el Girona, que acabó encontrando el gol de Fran Beltrán, con polémica, por un pisotón anterior en el tobillo a Koundé. El jugador del Barça se quedó en el suelo, la acción siguió y llegó el gol. El árbitro no dijo nada, el VAR tampoco, y el gol fue validado.
El Barcelona, en una semana, ha pasado de la gloria a la crisis, con la Copa del Rey cuesta arriba tras el 4-0 del Atlético en la ida de semifinales y el liderato en Liga perdido en favor del Real Madrid.

