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2-1 | Creer hasta el final

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El once

Para medirse al líder en Ipurua, el Eibar presentó una alineación reconocible, diseñada para volver a demostrar que es un hueso difícil de partir en su feudo. Jonmi Magunagoitia ocupó la portería, respaldado por una línea defensiva formada por Cubero, Marco Moreno, Jair, sustituyendo al sancionado Peru Nolaskoain, y Arbilla.

En el centro del campo, Sergio Álvarez y Lander Olaetxea repitieron como pareja en el doble pivote, encargados de sostener el equilibrio y endurecer cada disputa ante un Racing acostumbrado a imponer ritmo. Por delante, Guruzeta y el regreso de Corpas al once escoltaban a Mada por dentro, con la misión de conectar y asistir a Jon Bautista.

Un bloque compacto, competitivo y preparado para recordarle al Racing que en Ipurua cada punto se pelea hasta el último balón.

El Racing impone su efectividad

Y bajo esa premisa encontró el Eibar su primera oportunidad. Un balón largo a Corpas, antes de que se cumpliera el minuto cinco, terminó convertido en ocasión por el propio extremo, que se fabricó el espacio con dos recortes antes de que el muro cántabro bloqueara su disparo.

El Racing respondió en el 11’ y el 15’, tras enlazar varios minutos de posesión con criterio. Jair apareció providencial para incomodar lo justo a Guliashvili y desviar su remate, que salió defectuoso, igual que en un segundo intento escorado. El Eibar no se descompuso y replicó con un disparo de Olaetxea que volvió a exigir a la zaga visitante.

En el 19’, una combinación racinguista tras una posible falta sobre Corpas derivó en la ocasión más clara hasta el momento, finalizada por Mantilla por encima del larguero. La respuesta local no se hizo esperar: un pase profundo encontró a un Guruzeta difícil de detectar desde la banda contraria, su centro viajó al segundo palo y Mada, llegando en carrera, remató de primeras con un disparo que se marchó lamiendo el poste.

El partido no tenía dueño claro, pero sí un equipo con mayor pegada. Eso decía la estadística antes del encuentro y la hizo valer en el 22'. Andrés Martín adelantó al Racing con una volea tras un centro de Mantilla desde la derecha, una acción que evidenció la capacidad resolutiva que sostiene al conjunto cántabro en lo más alto de la tabla.

Hasta el descanso, el pulso siguió abierto. El Racing volvió a inquietar con un disparo de Facu González desde la frontal que obligó a intervenir a Magunagoitia, mientras que el Eibar insistió en su candidatura al empate con una acción por la derecha que Lander Olaetxea cabeceó con intención. El líder golpeó primero, pero Ipurua ya había dejado claro que no sería un rival sencillo de quebrar.

Empate desde el banquillo

El Eibar regresó del descanso decidido a morder. Un envío de Arbilla al corazón del área lo cazó Guruzeta como pudo, pero el colegiado levantó la bandera por fuera de juego, decisión que la repetición confirmó. Ipurua ya intuía que el empate estaba más cerca.

Superada la hora de partido, y tras varias acciones en las que la idea fue buena pero las piernas no terminaron de acompañar, Beñat San José agitó el encuentro con una triple sustitución: Javi Martínez, Javi Martón y Adu Ares entraron en lugar de Corpas, Olaetxea y Bautista. El movimiento revitalizó al equipo y consolidó la sensación de que el líder empezaba a encontrar un hueso cada vez más difícil de roer, que en cualquier momento invertía los papeles.

El premio llegó poco después. Un balón largo de Sergio Álvarez encontró a Javi Martón, que se lo acomodó con la cabeza antes de definir con sangre fría, superando por debajo de las piernas a Jokin Ezkieta en, prácticamente, su primer contacto con el balón. Un empate gestado desde el banquillo y celebrado por una grada que veía cómo el Eibar volvía a levantarse ante el primero de la tabla.

Con el 1-1 ya brillando en lo alto de Ipurua, el Racing volvió a recordar su condición de líder con un disparo de Suleiman que se estrelló en el palo, un aviso de que su pegada seguía intacta. Sin embargo, en el 80’, una acción muy temeraria de Puerta dejó a los cántabros con diez y cambió el escenario del tramo final.

En el descuento, cuando el empate parecía ya sellado y el líder resistía como podía, Ipurua empujó con todo. Dos remates consecutivos fueron salvados sobre la misma línea, dos ocasiones que parecían anunciar que el destino sería cruel. Pero el Eibar no soltó la presa. El balón volvió al área, quedó vivo entre piernas y rechaces, y Álvaro apareció para empujarlo a la red y hacer estallar el estadio.

El 2-1 fue la recompensa a la insistencia, al convencimiento y a la fe de un equipo que nunca dejó de morder. El líder cayó en Ipurua porque enfrente tuvo un hueso imposible de quebrar. Una remontada de carácter, gestada desde el banquillo y culminada en el último suspiro, que reafirma al Eibar como uno de los rivales más incómodos de la categoría.

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