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Huracán Atlético

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El Atlético parece entregado a la Copa. Los jueves se sale, como si fuera un universitario con ganas de comerse el mundo. Cinco le metió al Betis en Sevilla, cuatro al Barcelona en la ida de la semifinal. Se dice siempre que la Copa es el camino más corto para ganar un título y el Atlético se lo ha creído.

Una cesión inocente, un pase rutinario acabó provocando un terremoto para el que nadie estaba preparado en el Metropolitano. Joan García no acertó a controlar la pelota que le entregó Eric García y todos los planes se desmoronaron. El balón le pasó por debajo del pie al portero y a partir de entonces el Atlético le pasó por encima al Barcelona.

El partido fue un festival para los rojiblancos desde entonces. Un espectáculo que se disfrutaba a toda velocidad, a la que le ponía Giuliano por el costado derecho, aunque se definiera con la tranquilidad con la que Griezmann marcó el segundo gol apuntando al rincón de la portería de Joan García en un ejercicio de precisión.

El fútbol del Atlético era rápido, desbordante, pero no se olvidaba de la asociación. Era un juego generoso, en el que no faltaba un pase. Dos jugadores pudieron disparar antes de que la pelota le llegara a Lookman para marcar el tercero después de un pase de Julián. El nigeriano, nuevo ídolo del Metropolitano pudo por fin celebrar el gol que quiso celebrar en el primero. Siguió la jugada para rematar cuando Joan García la sacó de la portería, pero la pelota ya había entrado.

Había goles para todos. Incluso para Julián Álvarez, al que parecía habérsele olvidado cómo se celebran. Marcó el cuarto con un preciso disparo desde el borde del área. Era el momento que todos esperaban. Koke, el capitán, esperó a que festejaran todos para darle su abrazo de felicitación. El de la confirmación de que ese era el gol que todos deseaban. El que había imaginado Giuliano minutos antes, cuando sorprendió a todos al ceder la pelota atrás en lugar de disparar. Buscaba a Julián, pero su remate lo despejó Koundé cerca de la línea. Con el gol de Julián la goleada estaba completa y no le hubiera importado al Atlético que el partido hubiera acabado entonces.

Porque no es que el Barcelona no hubiera tenido oportunidades, pero entre el larguero y Musso evitaron que borrara el cero de su marcador. Fermín era el más activo en el remate, pero no era el día de los azulgrana, aunque vistieran con una especie de pijama color champán.

Flick, consciente de que la eliminatoria no acababa en el Metropolitano e intentó buscar la manera de suavizar la goleada. Lo primero que hizo, ya con 3-0 fue sustituir a Casadó, que ya tenía tarjeta amarilla, por Lewandowski, aunque lo más destacado que hizo fue reprochar a Fermín que no le pasara un balón en el área que el internacional español llegó a rematar con dificultad.

Después también tuvo protagonismo en un gol anulado a Cubarsí en el comienzo de la segunda parte. Una jugada extraña que el VAR necesitó más de cinco minutos para revisar –es decir, no era jugada de VAR– y que acabó anulando el juego por un presunto e imperceptible fuera de juego del polaco.

Ahí podía haberse suavizado la goleada para el Barcelona, pero la decisión del videoarbitraje fue un golpe del que no se pudo levantar. Era demasiado para él volver empezar la lucha contra el Atlético, que estaba en éxtasis.

Daba la sensación de que todo podía suceder cuando atacaban los rojiblancos, de que cualquier cosa era posible. No hubo más goles, quizá porque la felicidad es complicada cuando llega de repente y a paladas. Cuatro ya era suficiente y la segunda parte era tiempo para homenajes y lamerse las heridas. O hacerlas más profundas.

Porque el Barcelona, además de la goleada, se va con la expulsión de Eric García. El único jugador al que Flick ha utilizado en todos los partidos de esta temporada no podrá participar en la decisión de la eliminatoria. Llegó tarde a una pelota que disputaba con Baena. La habilidad del centrocampista del Atlético le sacó del foco el balón, fue a buscarlo y encontró la pierna. Martínez Munuera tuvo que ir al monitor para cambiar la amarilla por una roja.

El Metropolitano ya sólo quería que aquello acabara y abrazar a los suyos con la garganta. Es lo que hizo con Julián cuando se marchó y, sobre todo con Koke, al que Simeone sustituyó cuando el reloj llegaba al noventa para que escuchara como su nombre salía desde la grada. «Koke, Koke» gritaban, que es como gritar «Atleti, Atleti». La felicidad era esto. Salir(se) los jueves.

Última hora del Atlético de Madrid - FC Barcelona: partido de ida de las semifinales de la Copa del Rey, en vivo online

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