El Real Madrid se hace sólido contra el Valencia en Mestalla (0-2)
Dos goles, tres puntos y a seguir avanzando. Ahora, otra semana más entera para seguir trabajando. El Real Madrid de Arbeloa no está para lujos y tampoco los busca, porque el entrenador es consciente de que este equipo, ahora, está para otra cosa: para hacerse fuerte en el centro, sumar puntos, recuperar la confianza y no hacerse daño. Salió de Mestalla con los tres puntos y sin que el Valencia le hiciese un rasguño. Y eso es una buena noticia. Se hizo sólido el Real Madrid contra un Valencia mucho más líquido. No hubo emoción, tampoco mucho fútbol, pero el equipo de Arbeloa fue superior casi todo el rato, sin necesidad de apabullar. Es el único modo de seguir agarrado a LaLiga y al futuro.
No necesitó ni el habitual paradón de Courtois para ganar. El Valencia lanzó una vez al palo, pero pasó por el partido sin salir de sus propios problemas, que son demasiados. Cuando, en la segunda parte, Corberán quitó a Lucas Beltrán para sacar a Sadiq se llevó la bronca de Mestalla. Hace años, cuando el Real Madrid iba para allá, temía lo que podía suceder. Un Madrid por hacerse, como es este, hubiese sufrido si el Valencia no fuera lo que es: ni siquiera es un equipo por hacer ni siquiera mira al futuro. Se ha quedado sin alma el equipo che.
Golazo de Carreras
Pero también rivales así le han puesto en problemas en este curso. Esta vez, nada; cero preocupaciones atrás, lo que permite vivir con más confianza arriba, aunque apenas se creen ocasiones. Antes o después llegará el gol. Contra el Valencia fue después, mediada la segunda parte, con el Real Madrid dominando sin brillo. Carreras se inventó que era Roberto Carlos o Marcelo y se fue al área con una decisión que a otros les falta. Su gol, la verdad, hizo justicia en el marcador.
Porque el equipo de Arbeloa fue superior. El entrenador dejó claro lo que quería desde una alineación novedosa y con mensaje: en el centro del campo, Tchouameni, Camavinga y Valverde. Se acabó la banda para el centrocampista uruguayo y por tanto, a partir de ahora se le va a juzgar como centrocampista (pero en un centro del campo sin Kroos ni Modric y con Camavinga y Tchouameni). Los tres que en el último partido fueron defensas. Así que el primer paso de Arbeloa fue ordenar.
Tchouameni, Camavinga y Fede Valverde
Los tres, también, son del mismo corte, más físico que talentoso y esa manera de ser marcó el ritmo del partido. Un choque espeso, poco inspirado, lejos de la poesía o la imaginación. Lo mejor fue cuando Güler conseguía recibir de media punta y a partir de ahí se giraba y buscaba a Mbappé. Así nació la mejor ocasión, que terminó con un remate de David Jiménez, el lateral derecho de la cantera, titular, mientras Trent y Carvajal miraban desde el banquillo. El británico salió en la segunda mitad, el español se quedó otra vez sin jugar, porque, según el club, se está cuidando su rodilla. Mientras, sin Vinicius ni Bellingham, Arbeloa tiró de Gonzalo para dejar en el banquillo a Brahim y a Mastantuono, que ya saldrían en la segunda mitad.
El plan era que no pasasen cosas y lo cierto es que no pasó casi nada en la primera parte, aunque el Madrid tuvo dos ocasiones. No hubo tejido, elaboración del juego, ese dominio con el que uno se erige en dominador claro y marca el territorio.
Mejoró algo más el Madrid con el paso de los minutos, por insistencia, por querer tener el balón y eso es una buena señal. Quiso hacer algo, quiso ganar el partido con sus armas. Y tuvo premio.
Otro gol de Mbappé
Ya tenía el dominio del campo, le seguía faltando, sin embargo, algo diferente, hasta que Carreras rompió la monotonía con su jugada por la banda. Es irregular el lateral, pero es de los fichajes de esta temporada que más le está dando al Real Madrid.
El Valencia tuvo el remate al palo poco después, pero no fue más que un espejismo: no puede más el equipo de Mestalla y el tanto del Madrid y esa ocasión fallada fueron su sentencia. Los cambios de Corberán fueron como si no los hiciera. Su equipo no late, mientras el Madrid, esta vez, tuvo claro lo que quería. Para acabar, pasó lo de siempre: gol de Mbappé.

