El Barcelona gana la fiesta de ocasiones al Elche (1-3)
Hay que ser atrevido o abandonar toda lógica para jugarle al Barcelona como le jugó el Elche de Sarabia, que no es otra cosa de cómo ha jugado toda esta temporada en LaLiga: a vida o muerte, una ruleta rusa, sin importar el nombre de los futbolistas rivales. Tocó la bala, claro, porque casi siempre toca la bala, pero, mientras, fue divertido. Pudo morir mucho antes el Elche, pero el equipo de Flick se ha acostumbrado a coleccionar ocasiones claras y que se le escapen, como le sucedió contra la Real Sociedad, pero también pudo, el Elche, hacer más daño al líder de LaLiga con un pelín más de fortuna. Los espacios que dejan los de Flick atrás son cantos de sirena que es imposible no oír: el Elche los vio, se atrevió, falló y perdió.
El partido empezó exactamente como prometía: el Elche saltó a presionar alto, a discutirle la salida de balón a un Barcelona que, con Flick, acepta ese intercambio aunque implique vivir permanentemente al borde del incendio. Pero a los cinco minutos, el líder golpeó primero. Dani Olmo encontró un pase vertical, y Lamine Yamal, indomable todo el partido con tanto espacio, regateó a Iñaki Peña y marcó a puerta vacía.
El Elche siguió a lo suyo, sin mirar atrás. Álvaro Rodríguez empezó a cargar la espalda de Eric García, Diangana buscó centros tensos y Mendoza se atrevió desde fuera. El Barcelona, sin embargo, llegaba más y más cerca que el rival: Dani Olmo dudó en el área, Ferran cruzó demasiado otra, y poco después el mismo Ferran se topó dos veces seguidas con el larguero en una secuencia inaudita. Remató mal la primera vez y el rebote en el larguero le llegó de tal modo que esta segunda remató como pudo, es decir, con el hombro: y al larguero de nuevo
Empate de Álvaro Rodríguez
Lo que falla el Barcelona en ataque se asemeja a lo que permite por detrás: un balón al espacio, otra vez el canto de sirena, y Álvaro Rodríguez, canterano del Real Madrid, y que se firmó una gran actuación, ganó la carrera y sacó un zurdazo cruzado imposible para Joan García. El guion cobró sentido: el Elche había decidido jugar a esto y, durante un rato, le salió cara.
Pero es que la moneda se tiró demasiados veces con el riesgo evidente: De Jong se coló en el área con un recorte que dejó a medio Elche fuera de la jugada y encontró a Ferran Torres, que esta vez sí acertó. El 1-2 no calmó el partido. Lo aceleró aún más. Chust salvó bajo palos otro gol cantado, Fermín perdonó a puerta vacía tras un pase de la muerte de Lamine Yamal y Raphinha rozó el poste con un zurdazo. En el descanso, el equipo de Sarabia se palpó. Estaba perdiendo, pero vivo.
Rashford decide
Flick movió el banquillo, dio entrada a Lewandowski y mantuvo el plan: verticalidad y sin miedo. El Elche no cambió. Sarabia siguió apostando por correr y asumir que el error era parte del trato.
Y estuvo cerca de salirle. Álvaro Rodríguez rozó el empate con un zurdazo desde la frontal, y Mendoza llegó a marcar, aunque en fuera de juego. Cada transición del Elche llevaba el peligro, aunque menos. A cambio, el riesgo de conceder al Barcelona no disminuyó
Rashford, recién entrado, perdonó un mano a mano clarísimo, pero no la siguiente.
Fue definitivo. Para el Elche de Sarabia era cruz ya. El Barça sigue de cara.

