El Atlético se complica la vida con un empate ante el Galatasaray
Contundencia es una palabra que repite mucho Simeone. Contundencia en las dos áreas es lo que pide el entrenador del Atlético, lo que define los partidos y lo que le faltó en Estambul para llevarse algo más que un empate que le complica la vida para meterse entre los ocho primeros de la liguilla, que se saltan una eliminatoria y acceden directamente a los octavos de final.
Pedía dos victorias Simeone para no depender de nadie y con esa intención entró al campo del Ali Sami Yen. Y fue contundente en el comienzo. A los cuatro minutos ya ganaba gracias a un cabezazo de Giuliano en el área. Un mal control de Sorloth acabó en los pies de Ruggeri y el centro del italiano lo remató de cabeza el extremo del Atlético con la fe que pide el Cholo.
Parecía que el Atlético se había sobrepuesto a la molesta sonoridad del Ali Sami Yen, un estadio que no calla y que empuja al Galatasaray un poco más allá de donde podría llegar. Pero el equipo turco no sólo tiene las voces de sus aficionados. Tiene jugadores de primer nivel que podrían estar jugando en cualquiera de las grandes ligas. Como Osimhen, un incordio constante para la defensa rojiblanca que no tardó mucho en forzar una tarjeta amarilla para Pubill que acabó condicionando la composición del equipo en el campo.
Cuando Simeone cambió el centro del campo para mandar al banquillo a Koke y a Barrios, que también tenía una tarjeta, Llorente abandonó el lateral derecho para acompañar a Cardoso en el medio. Llorente había tenido la mala suerte de marcar el gol del empate del Galatasaray. El lateral del Atlético empujó a gol cuando iba a despejar un pase de Sallai desde la derecha. La contundencia que pide Simeone en el área propia acabó convertida en un autogol.
A pesar del error, sigue siendo Llorente uno de los futbolistas más fiables del Atlético. El gol del Galatasaray había llegado en uno de los momentos en que el Atlético cedió el control del partido al equipo turco, al que sometió casi por completo en la segunda mitad.
Tuvo su oportunidad, a pesar de todo, el Galatasaray para desequilibrar el partido a su favor en los últimos minutos. Oblak detuvo el disparo de Sara y, cuando la pelota estaba suelta en el área esperando que llegara alguien para empujarla, apareció Llorente para sacarla de allí. Contundencia.
Era el Atlético el que tenía más presencia en el área rival. Y tuvo varias ocasiones para marcar un gol que le hubiera facilitado la vida la próxima semana. Pubill pudo haber marcado en un córner; Baena, en un disparo que le salió muy centrado, al cuerpo de Çakir, el guardameta turco; pero la ocasión más clara la tuvo Griezmann en un lanzamiento de falta que buscaba la escuadra y que Çakir vio a tiempo para dar el paso necesitaba para impulsar el vuelo y despejar la pelota.
Griezmann había entrado en la segunda parte por Sorloth. Perdía el Atlético una referencia en ataque, pero ganaba en capacidad asociativa. Para el gol debía estar Julián Álvarez, pero el argentino suma un partido más sin marcar. Y ya son muchos.
No tiene la presencia en el área que se le puede exigir y tampoco la continuidad en el juego que mostró la pasada temporada. Y el Atlético lo echa de menos. Va tapando sus ausencias con los goles de Sorloth en los últimos partidos, pero el noruego tampoco se dejó ver mucho en el área del Galatasaray.
Con las lagunas de Julián y sin Barrios en el campo, el Atlético pierde manejo del balón. Pero en el banquillo siempre tiene soluciones Simeone y entre Baena y Griezmann fue capaz de encontrar lo que le faltaba por otro lado. Menos el gol.
El Atlético ya no depende de sí mismo para estar directamente en los octavos de final. Le faltó la contundencia de la que habla Simeone. Especialmente en el área del Galatasaray. No ha marcado más de un gol en ninguno de los partidos que ha jugado desde que comenzó el año y ya ha disputado cuatro competiciones distintas. Simeone tiene razón.

