Así picaba Mourinho a Álvaro Arbeloa: "Hoy tenemos a Cafú, ¿dónde va Cafú?"
Álvaro Arbeloa contó hace tiempo una conversación que tuvo con Mourinho cuando el portugués fue su entrenador del Real Madrid. «Creo que fue contra el Sevilla. En la primera parte siempre jugaba en su banda, pero ese día me tocó en la otra y cuando estás separado del entrenador juegas más suelto. Subí 6 o 7 siete veces», contaba el nuevo entrenador del conjunto blanco en sustitución de su amigo Xabi Alonso. El lateral derecho se tomó unas libertades ofensivas nada habituales. «En el descanso, Mourinho dijo: ‘‘Hoy tenemos a Cafú en el equipo, ¿dónde va Cafú subiendo tantas veces?’’ La charla fue para mí solo, no era precisamente lo que quería de mí», contaba Arbeloa.
Fan de Mourinho
Sin embargo, esa conversación convenció más al futbolista de que Mourinho era el entrenador correcto para ese momento del club blanco. En la pequeña guerra civil que se vivió en el vestuario (y en la grada) durante la tercera y última temporada de Mou en el banquillo, Arbeloa (y en mucha menor medida Xabi Alonso) siempre estuvo del lado del portugués «Soy muy fan del técnico. Pero soy más fan de José. Le considero un amigo. Fue un entrenador con el que aprendí, disfruté y trabajé como un animal, y con el que no te paras de reír porque tiene mil anécdotas. Es un tipo sensacional y de los que merecen la pena, me ha marcado mucho en lo profesional y personal. Era capaz de exigirte en los entrenamientos a muerte, y luego gastarte bromas y ser uno más», contaba el entonces futbolista.
Su amistad y lealtad con Mourinho probablemente definió el futuro de Arbeloa. Sin ser el futbolista más destacado de ese equipo, sí se convirtió en el jugador que encarnaba los valores de ese Real Madrid. Era un espartano como él mismo dijo y [[LINK:INTERNO|||Article|||69653a2069df870008ea689f|||promovió con frases como la de la película de Gladiator. «¿Os habéis divertido?»]], que gritó y se hizo viral tras una remontada del Real Madrid contra el Wolfsburgo, ya sin Mourinho al mando del equipo.
Espartano
Ser espartano significa tener disciplina, entrega y pensar en el colectivo. Para Arbeloa no había, ni hay, nada más grande ni más ilusionante que pertenecer al Real Madrid. De ahí que fuera el primero en defenderlo de los dardos que mandaba Piqué. Era cuando el barcelonista era central azulgrana y se hacía el travieso metiéndose con el rival y, más concretamente, con su compañero de la selección campeona del mundo. Arbeloa, más que Iker Casillas, era quien representaba el madridismo en aquella selección en la que todo el mundo veía el espíritu del juego del Barcelona.
Arbeloa se negó a formar parte de ese juego y eso le identificó más con el madridismo, que tenía al Barcelona de Guardiola, Messi y Piqué como enemigo y como pesadillas. Para el lateral derecho, esa guerra significó su proyección en el club. Cuando se acercaba su retirada hubo un momento en el que se pensó que podía continuar ligado al club como un portavoz y así descargar de ese peso al entrenador. Pocos como él iban a conocer lo que es el Real Madrid moderno.
Entrenador de la cantera
Pero no se llevó a cabo y Arbeloa estuvo en la Fundación, también colaborando en Real Madrid Televisión hasta que, como les sucede a muchísimos futbolistas, como le sucedió a su amigo Xabi Alonso, lo que le pidió el cuerpo fue ser entrenador, pisar el césped de cerca. Es un imán al que muy pocos son capaces de resistirse.
No lo hizo Arbeloa y en el Real Madrid encontró el ecosistema perfecto para ir creciendo. Paso a paso, por las categorías inferiores, formando cultural y deportivamente a los futuros futbolistas y también conociéndolos, algo que le vendrá muy bien para su actual etapa. El último paso, el que marca la frontera de los entrenadores de la cantera es el Castilla. Arbeloa lo dio este verano. El técnico que llega ahí tiene dos posibilidades: o llegar al primer equipo o no hacerlo. Con Florentino Pérez al mando, ese paso lo han dado, entre otros, López Caro, Solari y Zidane. Los dos primeros sin éxito; el segundo lo hizo para reforzar el mito que ya se había construido cuando bailaba con un balón en los pies y enmudecía de emoción al Bernabéu.
La diferencia con Raúl
En cambio, ese paso no lo dio Raúl, que pasó muchos años en el Castilla, pero que no entró en los planes del club cuando se pensaron renovaciones.
Arbeloa sí. Venía de lejos su proyección. En el banquillo del filial blanco ha dejado su impronta: un entrenador valiente, al que no le importa jugar con la defensa adelantada, que cree en la importancia de los laterales y que pide a sus futbolistas lo que se le pide a un espartano.
No ha completado el año en el Castilla y tiene que sustituir a su amigo Xabi Alonso. Cuando Zidane cogió el Madrid, la desconfianza se instaló en los más críticos. No tenía experiencia. El periodista Isaac Fouto resumió ese sentir crítico en las redes sociales: «Benítez destituido. Le sustituye un entrenador que ayer no le ganó a La Roda». Ayer, pero ya en plan juego, lo volvió a hacer: «Xabi Alonso destituido. Le sustituye un entrenador que el sábado el Arenas de Getxo le metió 4».

