Espanyol -Barcelona (0-2): Joan Garcia detiene al Espanyol y Dani Olmo lo mata
No es el mejor Barcelona, es peor que el del curso pasado, pero ahora tiene la capacidad de ganar en partidos sufridos, en los que más lógico era la derrota. Ganó a un Espanyol sacrificado y brillante en casi todo menos en la portería rival. Perdió, pues, el equipo de Manolo González, el entrenador que le ha dado su carácter a la plantilla, perdió, decíamos, porque no marcó cuando pudo. Y si no lo hizo fue, principalmente, por Joan García, el odiado, el protagonista antes del partido pero, para desgracia del Espanyol, también durante. Un portero de categoría, probablemente el mejor portero de España, y eso duele doble o triple en Cornellà. Y eso que Dmitrovic también hizo una parada espectacular, pero finalmente no fue suficiente para contener a un Barcelona que llegó atado casi todo el partido y se desató al final, con la verticalidad de Fermín y el cansancio del equipo local. Lewandowski sentenció el derbi.
Un Espanyol sin complejos
El contexto ya marcaba el tono desde el primer segundo. Joan García tocó el primer balón y se llevó la pitada del RCDE Stadium, síntoma de una herida que sigue abierta. El Espanyol salió con convicción, sin complejos, cargando el juego por los costados, especialmente por la derecha, donde Dolan y Roberto encontraron metros y ritmo. El Barcelona respondió con posesiones largas, con una superioridad clara en el control del balón, pero sin profundidad ni mordiente en los primeros compases
El guion se confirmó pronto: el Espanyol llegaba más y mejor, el Barcelona defendía con orden yla pelota, pero sufría cada transición. Roberto tuvo la más clara en la primera parte con un mano a mano que resolvió Joan García con firmeza. Poco después llegó la acción que explica el descanso sin goles. Centro preciso de Carlos Romero y cabezazo a bocajarro de Pere Milla que exigió una reacción prodigiosa del portero azulgrana. Antes, incluso, Joan García había empujado a su propio central para ganar ángulo de visión y permitir el corte defensivo. No fue solo una parada; fue una intervención de portero dominante, de los que deciden partidos.
El Espanyo llegó más
Tras el descanso, el partido no cambió de naturaleza, pero sí de temperatura. El Espanyol siguió llegando. Roberto volvió a perdonar tras un mal control en el área pequeña. Pere Milla tuvo otra opción clara tras una falta lateral. Joan García siguió multiplicándose: mano abajo a un disparo con rosca de Carlos Romero, parada decisiva en otro mano a mano de Roberto, reflejos felinos para sostener a su equipo cuando el partido pedía auxilio. Incluso Koundé tuvo que sacar bajo palos una vaselina que ya se cantaba como gol.
El Barcelona, mientras tanto, no encontraba respuestas. Rashford, Raphinha y Ferran no lograron imponerse y Hansi Flick movió el banquillo. La entrada de Fermín, y más tarde de Dani Olmo y Lewandowski, cambió el pulso del partido. No porque el Barça pasara a dominar, sino porque empezó a amenazar de verdad. Dmitrovic sostuvo al Espanyol con una parada espectacular a bocajarro a Eric García, confirmando que también el portero perico estaba firmando una noche de nivel.
Golazo de Dani Olmo
Y cuando el derbi parecía condenado al empate, apareció la calidad individual. Dani Olmo recibió en el balcón del área tras una arrancada de Fermín se acomodó el balón y sacó un disparo con rosca a la escuadra, imparable. Silencio en Cornellà. Golazo. Castigo máximo para un Espanyol que había sido mejor durante muchos minutos.
El golpe fue definitivo. Con el equipo local volcado y cansado, el Barcelona encontró los espacios que no había tenido en toda la noche. Fermín lideró una contra con potencia y decisión, se coló en el área y puso el pase atrás. Lewandowski, casi sin querer, empujó el balón para el 0-2. En cuestión de minutos, el derbi quedó liquidado.
El marcador fue cruel, pero fiel a una verdad incómoda: el Barcelona ya no necesita jugar bien para ganar. Le basta con resistir, con tener un portero descomunal y con golpear cuando el rival se queda sin aire. El Espanyol se fue derrotado, pero reforzado en su identidad. Perdió porque no marcó cuando pudo. Y porque, enfrente, Joan García decidió que iba a ser protagonista también durante el partido.

