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Real Madrid - Real Sociedad (4-4): Un equipo inexplicable

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En el minuto 79 del partido, esta crónica contaba que la Real Sociedad había superado a un Real Madrid desorientado y se había metido en la final de la Copa del Rey. En el 81, se paró de escribir, porque marcó Bellingham. Y cuatro después, esta crónica bien podía contar que el equipo de Ancelotti, empujado por un pasional Vinicius, había remontado tras un saque de esquina que remató Tchouaméni. Y estaba en la final. Cuando las cosas ocurren en los minutos finales de los partidos, se escriben sobre la marcha.

Por supuesto, tampoco valió esa crónica. Faltaba otro gol de Oyarzabal, el 3-4, el cuarto tanto en los minutos finales: el desconcierto, festival, locura o absurdo —que cada uno elija el sustantivo que quiera ponerle.

Porque es casi inexplicable. Este Madrid no hay quien lo cuente con un poco de lógica. Estuvo bien, mal, muerto, eufórico, desconcertado y, finalmente, jugará la final de la competición. Todo pasó en un solo partido, todo fue como ese torneo de Copa del Rey, como el partido contra el Celta y después contra el Leganés. Una sorpresa continua, que no sabes cómo va a continuar y en la que pasas de la decepción a la alegría sin transición. Así, el Bernabéu celebró a Vini, le pitó y acabó entregado a él. Es el Madrid, tan loco como el protagonista que metió, ya en la prórroga, el tanto final y decisivo.

 

Aunque la primera sorpresa de una noche llena de ellas fue ver a Endrick en el once titular por delante de Mbappé en el equipo. Ancelotti va a rotar sí o sí y, en la Copa, el joven brasileño ha sido un seguro de vida. Suma cinco goles y una actitud inigualable y es, además, ese tipo de futbolista que tiene el gol como profesión y como vocación. A diferencia de Güler, que por lo menos puso el balón del gol decisivo, Endrick es vértigo y entusiasmo. Contra la Real intentó un gol con un remate de chilena que hubiese sido una maravilla, pero después, el gol que sí marcó no se quedó atrás: levantó el balón por encima del portero, suavemente, un tanto de toda la vida, tras un sensacional pase de Vinicius.

Antes, había marcado la Real Sociedad. Un fallo de Asencio y Lucas Vázquez, que no llega. Fue el anuncio de que el Madrid iba a tener problemas atrás. El partido lo comenzaron Camavinga, Alaba, Asencio y Lucas en la retaguardia y no lo acabó ninguno. No fue un buen día de los cuatro, pero sobre todo, Camavinga y Alaba fueron un estropicio cada vez que llegó el equipo contrario.

 

Eso sucedió después, en los últimos minutos de una segunda parte que fue un festival o un disparate. Lo que sucedió antes fue un dominio más o menos constante del Real Madrid, un partido más o menos solvente, pero en el que pasó lo que está pasando tantas veces este curso que ya no puede ser casual: ni resolvió en la portería contraria ni supo defender la suya. El equipo de Ancelotti o se acomoda cuando ve que la cosa va —ajustada, pero va— o es que se va apagando sin encontrar un remedio para eso.

La Real Sociedad había hecho un partido discreto, con pocas llegadas y sin un criterio claro. Se encontró el gol al principio y vio que había esperanza. Estaba como atada, superada por el rival, hasta que notó, como todo el mundo, que el Madrid se iba saliendo del partido, pasito a pasito, como quien se queda sin fuerza. Lo aprovechó Kubo para mostrar las carencias de Camavinga como lateral izquierdo —tan fiable ahí casi siempre— y en un visto y no visto, con la ayuda de Alaba, mal colocado en casi todas las jugadas, la Real no solo se volvió a poner por delante, sino que marcó un tanto para llevarse la eliminatoria.

El Real Madrid despertó y se puso en plan remontada. Pero de una nueva versión, la de este año: remonta, deja que le igualen y ya después gana. Agotador.

Real Madrid - Real Sociedad en directo hoy: semifinales de la Copa del Rey 2025, en vivo online

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