Sponsored
Noticias

Gradas vacías, y el metro lleno

010
Una de las imágenes más representativas del impacto del Covid-19 en la vida social de nuestro entorno es el vacío de las gradas en los campos de fútbol. No es lo más grave que le ha pasado a la sociedad española, pero sí ha resumido como pocos escenarios la expulsión de muchos ciudadanos de sus hábitos más frecuentes y queridos. El recuerdo de las hinchadas rugientes en los estadios contrasta hoy con el eco de las voces de los propios futbolistas y entrenadores, antes silenciadas por el vocerío y ahora amplificadas por unos campos convertidos en cajas de resonancia. España es un país aficionado al fútbol y, por eso, hace falta poner orden en el debate confuso que ha generado el Gobierno sobre la asistencia o no de público a los estadios en las últimas jornadas ligueras. Hace unas semanas, había acuerdo con La Liga y la Federación para que un pequeño porcentaje de los graderíos pudiera alojar público en el tramo final de la temporada. Sin embargo, el ministro de Cultura y Deportes, José Manuel Rodríguez Uribes, desmintió esta posibilidad el pasado jueves, echando un jarro de agua fría a aficionados, clubes y organizaciones responsables de la competición. No hay una explicación solvente a este descarte de última hora, pese a que estaba previsto imponer severas medidas de seguridad y distancia a los aficionados que hubieran tenido la fortuna de presenciar los últimos partidos de la temporada. Hace días se celebró el Torneo Godó de tenis con público en las gradas. La experiencia del concierto de Love of Lesbian en Barcelona, con 5.000 espectadores, ha sido un éxito. El Metro y los autobuses de Madrid se llenan a diario sin que sean focos de infección. El Dos de Mayo habrá toros en la plaza madrileña de Las Ventas. Y lo que resulta más agraviante para la Primera y Segunda División es que para las categorías inferiores sí está permitido el acceso limitado de público. Además, en junio Sevilla será una de las sedes de la Eurocopa y está prevista la presencia de aficionados en el campo. De nuevo, el Gobierno da tumbos en un asunto que, junto al impacto social que tiene, revela las contradicciones de su discurso sobre la pandemia. Por un lado, no admite que vayan aficionados a un espacio al aire libre y con separación suficiente por presentar riesgos para la difusión del virus; pero, por otro lado y al mismo tiempo, anuncia que el estado de alarma se extinguirá el 9 de mayo, sin plan normativo para que las comunidades autónomas puedan gestionar el umbral del verano sin tener que pleitear ante los Tribunales Superiores de Justicia semana tras semana. Si tan mal pronóstico ve el Gobierno para la evolución de la pandemia que no permite la vuelta a cuentagotas de aficionados al fútbol, tiene que ser coherente con cualquier tipo de acontecimiento abierto al público. Y si ve que esa evolución de la crisis sanitaria no hace necesario el estado de alarma más allá del 9 de mayo -y anuncia una temporada de verano casi normal, y una población vacunada al 70 por ciento para agosto-, entonces debe dejar de poner trabas a la vuelta a la normalidad en el fútbol. A una normalidad que, con limitaciones y condiciones, funciona en otros ámbitos, como los transportes públicos, conciertos, toros y otros deportes. Se trata de que el Ejecutivo deje de sembrar confusión cada vez que habla sobre la pandemia, su evolución y la vuelta a la normalidad, porque ni dirige ni deja dirigir. Entorpece, confunde y llena de hastío a los ciudadanos, cansados de oír al presidente del Gobierno y a sus ministros una cosa y su contraria sin solución de continuidad.
Загрузка...

Comments

Комментарии для сайта Cackle
Загрузка...

More news:

Read on Sportsweek.org:

Otros deportes