La cascada de 20 metros escondida en un bosque de Jaén: el salto de agua que parece el norte pero está en el sur
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La Cimbarra es una de las cascadas más espectaculares de España. Se encuentra a escasos 2 kilómetros del municipio jiennense de Aldeaquemada, en Sierra Morena y desde hace muy poco el paraje en el que se encuentra está incluido en el Parque Natural de Despeñaperros, a caballo entre las provincias de Jaén y Ciudad Real. La cascada de La Cimbarra es un salto de agua de más de 20 metros de altura cuyo origen geológico se debe al encajonamiento del río Guarrizas sobre una pared vertical de cuarcita armoricana, resistente a la erosión. A veces se pueden observar sobre estas rocas los rastros fósiles de organismos así como las espectaculares rizaduras provocadas por el oleaje, desvelando el origen marino de estas rocas 500 millones de años atrás . La Cimbarra no es la única catarata que hay en este lugar pero sí la más impresionante. Otras son las cascadas de Cinbarrillo en el arroyo de Martín Pérez, y la de María Antonia, en el arroyo de la Cimbarrilla. No es casual que los nombres sean tan parecidos. La causa es que los vecinos de la zona denominan cimbarras a los saltos de agua. También dicen los lugareños que nadie ha sido capaz de medir la profundidad de la poza en la que desemboca este impresionante salto de agua, pero los cálculos apuntan a que supera los 40 metros. Hay una leyenda muy antigua relacionada con esta cascada y que proviene de una costumbre de los habitantes de los municipios cercanos que iban a casarse. La «leyenda de la novia» obligaba prácticamente a cualquier pareja que había pensado pasar por el altar a ir a la parte más estrecha del río, donde la novia tendría que cruzar al otro lado dando un salto y ante la mirada de los vecinos. Si lo lograba, se daba por sentado que la pareja sería muy feliz en su matrimonio. En caso contrario, el augurio era tan nefasto que los novios rompían su compromiso. La leyenda se refiere al caso concreto de una pareja que, aunque no creía en aquella tradición ancestral, decidió participar en el ritual. Ese día el río Guarrizas bajaba muy revuelto y cuando la novia saltó, pese a coger carrerilla perdió pie y fue arrastrada hacia un remolino del río. El novio, sin pensarlo dos veces, se lanzó a rescatarla, pero la fuerza de las aguas lo hizo imposible, ahogándose ambos. Los cuerpos inertes de la pareja fueron encontrados entrelazados en el remanso río abajo. La tragedia fue tal que los vecinos decidieron dinamitar el paso estrecho para que nadie más pudiera intentar hacer ese salto, poniendo punto y final a la tradición. Se dice que en las noches de luna llena se oyen los lamentos de los enamorados que perdieron la vida para demostrar a los demás el amor que se profesaban mutuamente. Cuentan que La Cimbarra llora su muerte y el río representa el manto blanco de la novia que acoge a su amado convertido en piedra. Leyendas aparte, el paraje de La Cimbarra cuenta con una Zona de Especial Protección para las Aves, además de atesorar un valioso patrimonio cultural, constituido por una veintena de importantes evidencias prehistóricas. Interesantes ejemplos son la Tabla de Pochico, en el cerro de la Cimbarra o los de Monuera y Desesperada. En ellos, se han encontrado valiosísimas muestras de arte rupestre , que han motivado la declaración de estos yacimientos como Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO. Además, en el enclave se encuentran bosquetes de encinas y alcornoques y la repoblación realizada con pino piñonero y negral, sumados a los densos bosques de ribera, hacen que tenga un agradable aroma. Entre las grietas que hay en sus desfiladeros crece la doradilla, un tipo de helecho nombrado así por el color dorado del envés de sus hojas. En cuanto a la fauna, hay desde zorros y ginetas pasando por águilas reales y perdiceras o búhos reales y hasta nutrias que viven en los cauces de los ríos. Una escapada a esta zona situada en el norte de la provincia de Jaén merece la pena, sobre todo, teniendo en cuenta que, gracias a la cantidad de precipitaciones registradas a lo largo de los primeros meses del año, La Cimbarra muestra al visitante su mejor cara.

