El nuevo compás de la Sierra (III)
El ritmo del ahora
He cruzado el umbral de una nueva década. La
cifra no pesa; lo que cambia es el compás.
Tras transitar entre baterías y espejos —entre
la carga y la verdad— comprendo que ambas sendas llevaban al mismo lugar: a la
necesidad de encontrar una nueva cadencia. Y no
pedaleo solo. Cada salida arrastra consigo la risa de los
compañeros y el impulso silencioso de los amigos que saben esperar y animar al
mismo tiempo. Esa compañía multiplica la vitalidad, transformando
los senderos en encuentros y los kilómetros en recuerdos compartidos.
El guiño del silicio
Llevo en la muñeca un reloj inteligente que
intenta traducir mi vida a números, como si el pulso pudiera contener la
historia de mis montañas. Me dice que mi “edad de forma
física” es unos años menor que la cronológica y sonrío: es un dato amable, un
guiño del silicio que finge reconocer los miles de kilómetros que he dejado en
los senderos.
Pero la montaña no entiende de algoritmos. Ella habla en rampas, en respiraciones que se alargan y en una honestidad ante la cual uno aprende a escucharse sin miedo. He comprendido que ni la batería ni la cifra son lo esencial. Lo esencial es el ritmo.
El invitado inesperado
Siento el paso del tiempo, claro que sí. Últimamente,
mi tensión arterial ha decidido marcar su propia hoja de ruta, obligándome a
ajustar la maquinaria con una medicación nueva. Lo
viví en la última ruta: una bajada de tensión inoportuna condicionó el final
del camino, recordándome que el cuerpo tiene sus propias razones. Este
ajuste es como afinar una guitarra en mitad del concierto, justo cuando la
subida más empinada exige nuestra atención: requiere paciencia y una pizca de
humildad.
Pero también trae un aprendizaje. Me
invita a pedalear con más consciencia, a entender que el cuerpo cambia y que
eso no es una derrota, sino una evolución natural. Durante
un tiempo pensé que debía luchar contra el calendario para que el reloj me
regalara un número más joven; pero en este punto del camino, uno descubre que
la serenidad avanza más lejos que la prisa.
Longevidad activa
Mi meta ya no es reducir esa cifra en la
muñeca. Mi
objetivo es la longevidad activa: seguir subiendo a la Sierra no para ganar
segundos, sino para saborearlos.
Saborearlos en el color cambiante de los
pinos, en el vuelo de un ave que cruza el valle y en un silencio que antes me
pasaba de largo. Incluso con la ayuda de mi
e-bike, si la salud me obliga a ir un punto por debajo, lo acepto como una
invitación a mirar mejor. Cada salida es un regalo, no
un examen.
Recordando El día de las baterías,
donde me preguntaba cuánta carga me quedaba, y La montaña no tiene espejos,
donde aprendía a no buscar reflejos complacientes, hoy descubro algo más
sereno: no necesito más autonomía ni otro espejo.
Necesito una sintonía propia. Quizá
con un corazón que se siente joven, pero con la mirada mucho más abierta. Porque
no es la velocidad del latido lo que define el viaje, sino la paz que queda con
nosotros al volver.
Lo que prevalece es el compás con el que elegimos vivir la vida.
Domingo, 22 de Febrero de 2026
Valdemorillo nos dejó, hace apenas unas semanas, una crónica inacabada; una mañana donde las nubes bajas y el agua empañaron la mirada, obligándonos a buscar refugio prematuro en el chocolate caliente.
Pero el ciclismo, como la vida misma, siempre
ofrece una segunda oportunidad. Esta
semana regresamos para recuperar los kilómetros que nos robó la lluvia y
transformar aquel regreso apresurado en una jornada plena de pedaladas y
reencuentro.
Porque el camino sigue allí, aguardando
paciente a que terminemos de contar su historia.
Hora de encuentro: ???? 8,45
Lugar de encuentro: ????Calle Eras Cerradas - Valdemorillo

