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Cabeza Reina: El saludo al viejo centinela de piedra de San Rafael

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Cabeza Reina siempre estuvo ahí, erguida como un centinela que se niega a rendirse ante el paso de los inviernos. Su torre de piedra, de origen incierto y manos anónimas, ha desafiado al olvido durante décadas.

Es mucho más que una construcción: es la brújula emocional de San Rafael y el faro de nuestras rutas. Mucho antes de que el cambio climático y los incendios se escribieran con la urgencia de las mayúsculas, ella ya miraba lejos, guardando el secreto de los pinares.

Subir a Cabeza Reina es, para los ciclistas de AlfonsoyAmigos, un rito de paso. El esfuerzo del ascenso encuentra su recompensa al alcanzar esa cima donde el horizonte muda de piel con cada estación.

Para nosotros, y para los andarines que comparten el polvo del camino, esa torre representa algo casi sagrado. Es el “puerto seguro” donde detenerse, donde los pulmones recuperan el ritmo y donde se espera con generosidad al compañero que se acerca más lento.

Es el lugar de la foto inevitable, del trago de agua o la barrita que saben a gloria y de esos silencios compartidos que solo el monte sabe inspirar. Cuántas veces, en pleno ascenso, hemos pronunciado un "hasta la torre" con el mismo alivio con el que se dice "hasta casa".

Allí arriba, la luz parece tener otro peso. Cuando el sol comienza a caer, las sombras de los pinos se estiran como gigantes y el aire, cargado de aroma a resina, parece contener el aliento.

Si uno presta atención, el entorno susurra historias. Alrededor de la torre quedan ocultas cicatrices de otros tiempos: zanjas, parapetos y piedras alineadas de forma extraña, con alguna inscripción ilegible, que hablan de una sierra que fue refugio y frontera.

Son huellas que la montaña se resiste a borrar, como si guardara en sus entrañas la memoria de lo que ya nadie cuenta. La vieja torre de piedra lo vio todo.

Fue testigo del devastador incendio de finales del siglo XIX: vio el avance de las llamas, el negro de la ceniza, el silencio del día después y, con paciencia mineral, la lenta vuelta de los brotes verdes.

Por eso nunca fue solo un mirador; es un testigo paciente de la constancia del monte y de la resiliencia de quienes lo amamos.

Hoy, el paisaje ha cambiado. Junto a la veterana de piedra se alza ahora una nueva torre de vigilancia. Alta, robusta, eficiente; una estructura nacida para los veranos de fuego que nos acechan.

Cumplirá su función con precisión técnica, no hay duda. Pero mientras la nueva mira al futuro, la vieja sigue sosteniendo el pasado.

La nueva torre vigila el bosque; la antigua custodia la memoria de nuestras charlas al viento, los brindis con el bidón y los lazos de amistad forjados en cada pedalada.

No busquéis esta torre en los grandes catálogos de patrimonio nacional. Su valor no es arquitectónico, sino sentimental. Es un hito que encarna la historia vivida en la sierra, un lugar donde la presencia de quienes nos precedieron sigue latiendo en silencio.

A 1.479 metros de altitud, el punto geodésico nos regala una cifra fría y exacta. Nosotros sabemos que medir el monte no es cuestión de números ni de GPS, sino de la intensidad de las miradas que se cruzan al llegar arriba.

Cabeza Reina seguirá siendo nuestro faro. Seguiremos subiendo, midiendo nuestras fuerzas contra la pendiente y buscando la paz de sus vistas.

Y puede que algún día, cuando el verano vuelva a templar las noches, regresen también aquellas nocturnas deleitadas por el canto de los grillos, en las que ascendíamos en silencio —con menos años, es verdad— guiados por la luna y la certeza de que la torre nos aguardaba despierta.

Por eso, al pasar junto a la vieja torre de piedra, casi sin darnos cuenta bajamos la voz. Como quien saluda a un abuelo sabio que, tras toda una vida vigilando el camino, nos da permiso para seguir pedaleando hacia el próximo horizonte. 


Domingo, 11 de Enero de 2026

Con el latido de Cabeza Reina aún presente, es momento de poner rumbo a nuestro próximo encuentro. Este domingo la montaña vuelve a abrir sus caminos; nosotros solo tenemos que pedalear hacia ellos. 

Hora de encuentro: 8,45

Nos vemos en: Plaza Cuatro Caminos - Navalafuente

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