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Las salidas del Tour de Francia en el extranjero, una fórmula que va sobre ruedas

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Por cuarta vez en cinco años, el Tour de Francia comenzará en el extranjero en 2026, en esa ocasión desde Barcelona. Una elección que ha sido asumida por los organizadores de la mítica prueba ciclista y que ha traído grandes beneficios para ambas partes.

"Tenemos que convencer a los franceses de volver al extranjero", declaró el director del Tour, Christian Prudhomme, en la noche del martes en la 'Ciudad Condal', durante la presentación de las dos primeras etapas de la 113ª edición.

De hecho, salir de las fronteras francesas está generando malestar en Francia entre aquellos que creen que la 'Grande Boucle' de julio debería seguir siendo un asunto estrictamente nacional, sobre cuando esta tendencia exportadora, iniciada en Ámsterdam en 1954, se está convirtiendo en una costumbre. En 2026, será la 27ª salida del extranjero y la cuarta en cinco años después de Copenhague en 2022, Bilbao en 2023 y Florencia en 2024.

En Barcelona, Christian Prudhomme insistió de manera imperiosa en hacer brillar Francia en el extranjero. "Estas imágenes, que se difunden en 190 países del mundo, atraen a la gente porque es su casa y, luego, esa gente quizá vaya a pasar sus vacaciones a Francia porque descubre Francia gracias al Tour", explica.

Y también tiene su lógica económica. Para acoger una etapa del Tour, una ciudad francesa debe pagar a los organizadores de Amaury Sport Organisation (ASO) un derecho de inscripción de 100.000 euros para la salida y 140.000 para la llegada, explica a la AFP Pierre-Yves Thouault, director adjunto de ciclismo de esta organización.

- "Hay que ver qué aporta" -

A esto hay que sumar los costes técnicos como reparaciones de carreteras, acondicionamiento de carreteras, barreras y los costes de personal.

En el extranjero, el calendario es mucho más difícil, sobre todo para una "gran salida" que estira la celebración durante varios días, con la presentación de los equipos el jueves y luego varias etapas.

ASO no facilita cifras pero, según fuentes cercanas, Copenhague, Bilbao y Florencia habrían pagado alrededor de seis millones de euros (6,3 millones de dólares) a la empresa organizadora del Tour, sin contar los gastos e inversiones asociadas que pueden duplicar el total.

En comparación, la 'gran salida' de Brest en 2021 costó 3,6 millones de euros (3,7 millones de dólares) para cuatro etapas en Bretaña y la de Lille este año, alrededor de 4,2 millones de euros (4,4 millones de dólares).

"En el extranjero, cuesta más que en Francia, también porque hay gastos asociados, ya sea de traslado o de alojamiento, que suelen ser un poco más caros que en Francia", explica Pierre-Yves Thouault. "Pero si recibimos tantas candidaturas (300 en total tanto de Francia como del extranjero), es porque hay interés y, más allá del precio, también hay que ver qué aporta a estas ciudades en términos de notoriedad y repercusión mediática".

De hecho, la resonancia del Tour, el tercer acontecimiento deportivo más visto después de los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol, es tal que las urbes se benefician en gran medida de los ingresos para impulsar la economía local mediante el alojamiento, la restauración, las compras y la publicidad generada.

- "Piel de gallina" -

"Estimamos de media que por cada euro invertido hay siete euros de retorno", añade el número dos de ASO.

Para la gran salida en Bilbao en 2023, un informe de auditoría realizado por la empresa Ikertalde por encargo del comité organizador vasco había calculado incluso que los 12,2 millones de euros (12,8 millones de dólares) invertidos en total por las instituciones locales habían generado nada menos que 103,9 millones de euros (109 millones de dólares), una proporción de 1 a 8,5.

David Escudé, concejal de deportes del Ayuntamiento de Barcelona, indica a la AFP que acoger el Tour "no es una inversión costosa para la ciudad".

"Hay pocos acontecimientos deportivos que generen tanto interés en los cinco continentes. El Tour ofrece un escaparate inigualable", incide el político, que recuerda con cariño la última visita del Tour a Barcelona en 2009.

Rubén Viñuales, alcalde de Tarragona, que acogerá la salida de la segunda etapa en 2026, recalca también la dimensión emocional de un acontecimiento que a muchos les trae buenos recuerdos de infancia. "Ser anfitrión del Tour es un sueño y sólo imaginar a los mejores ciclistas del mundo pronunciando el nombre de Tarragona me pone la piel de gallina", confiesa.

jk/alh/rsc/dr

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