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No hay dos sin tres – Embalses del Río Lozoya

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Que nada ni nadie te quite las ganas de montar en bici


 

Acudimos a una nueva cita desde Segovia y desde Madrid, ciclistas, amigos que deseamos el reencuentro y el compartir unas horas haciendo aquello que nos gusta: Dar pedales en medio de la naturaleza.

…tal vez con la misma ilusión que cuando los Reyes Magos nos regalaron la primera bici (fuerte abrazo, Dani)



La bella localidad de El Berrueco nos da la bienvenida con su silencio, los bulliciosos somos nosotros: Andrés, Ángel, Enrique, Fer, Juan, Luis Ángel, Patrick, Rafa, y Alfonso. Aunque en esta ocasión nos alejamos del centro de la población y buscamos el amplio aparcamiento del Restaurante el Picachuelo.



Los abrazos de hoy se sienten de manera especial…  Unos con las ganas de conocer la ruta y otros con las de llevarla a término sin los recortes de anteriores ocasiones. Nuestro amigo Rafa intentará tomarse la revancha pues en la anterior ocasión y después de haber acudido, tuvo que regresar a casa por fuerte dolor de espalda.

¡Vamos allá!



Nos alejamos de nuestro enclave por un desvío complicado que hemos improvisado muy cerca de un ramal del Embalse del Atazar, para poder coger el trazado original partiendo de El Berrueco.



Por el Camino del Molino para superar pronto el bonito y restaurado puente romano sobre el arroyo Jóbalo, donde mis compañeros ya reclamarán parada para las primeras fotos. Pues empezamos bien, me digo.



Enrique, Ángel, yo mismo… procuramos acelerar la marcha conscientes de lo que nos aguarda, pero atrás parecen rodar con cierta parsimonia.  Pasamos de largo Sieteiglesias pero apenas 9 kms de marcha y nueva parada, esta vez para foto de grupo en el portalón de la Iglesia de la Santa Cruz en Las Navas de Buitrago. 

Curiosidad: En 1973, Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias se fusionaron en un solo municipio.



Por la calle del Calvario hacia zona de grandes prados y callejas entre fincas, muy agradables de rodar, que rivalizan con nuestros recuerdos de zonas empapadas de agua de anterior ocasión, lo que será la tónica general durante toda la ruta.



Llegando a Mangirón o Manjirón (que no se ponen de acuerdo los mapas con los carteles municipales) ya hemos recorrido 15 kms de continuos cambios de desnivel.


A través de Prados Grandes, de merecido nombre, por senderillos con repechos duros pero cortos, nuevas callejas, algún arroyo sin apenas agua y con numeroso ganado joven que alza su cabeza con curiosidad avanzamos hacia el embalse y la presa de Puentes Viejas… y ese semáforo que siempre hemos encontrado en rojo.

 



Los cinco embalses de la Sierra Norte de Madrid, las Presas del Lozoya: Pinilla (de los años 60), Riosequillo (1957), Puentes Viejas (1939), El Villar (1873) y El Atazar (1972) el más grande de la Comunidad de Madrid.


Ya en la partida, se unió a nosotros como pesada mochila un perseverante viento frío del norte que no nos abandonaría en toda la ruta. Estamos acercándonos a Paredes de Buitrago y el viento se mantiene, sin provocar sensación de frío pero sí ralentizando nuestro avance y haciéndolo más pesado.



Se diría que son “senderos de vacas” y por ahí rodamos en continuo sube y baja vadeando pequeños arroyos con poca agua, en marcha hacia Serrada de la Fuente, Berzosa del Lozoya y Robledillo de la Jara. No dejéis de ver el relieve dientes de sierra del trazado.


A la salida de Robledillo, accedemos a la M-130 sin apenas circulación a estas horas y nos espera ascenso de algo más de kilómetro y medio hasta poder coger desvío por el GR-300. El viento no llega solo, se ha traído a toda la familia y juntos empujan, en nuestra contra.



Pasamos con esfuerzo por el Collado de la Fragüela y logramos alcanzar el Cerro de Matachines (1141 m), situado en terreno muy rocoso a unos 100 m de estación de radio y telefonía con gran antena. El viento frío no impide que hagamos unas cuantas fotos.

 


Un pequeño descanso y emprendemos el largo, larguísimo descenso por el camino de los Horcajuelos, con lajas de pizarra suelta y gran desnivel. Fer ha roto un radio y hoy parece contenerse en los pasos complicados para no dar lugar a mayor avería. A nuestra izquierda podemos ver otro ramal del embalse del Atazar.



Toboganes continuos por camino forestal que castigan las piernas, en día muy claro que permite distinguir a algunos compañeros varios repechos por delante. Y así nos acercamos a Cervera de Buitrago, que se llegó a conocer en 2014 como “un pueblo marinero en Madrid” y ahora, los pequeños veleros reposan en un embalse muy bajo de nivel ávido de lluvias.



Nos acercamos a las aguas del Río Lozoya para alejarnos de nuevo, en un rodeo tierras adentro y recorrido por la M-127 para salvar arroyo; pero ya muy cerca del más bello paraje, junto al embalse de El Villar (1873), al parecer el embalse más antiguo en funcionamiento.



Entran ganas de quedarse allí y relajarse viendo cada detalle del paisaje, dejándote transportar por la imaginación a otras épocas, a lugares fantásticos… pero la hora se nos echa encima, hay que continuar.



Un pequeño remonte por carretera e inmediatamente tomamos desvío para rodar, sin perder de vista el embalse, por vía de servicio del Canal de Isabel II que discurre junto a las canalizaciones que desvían el agua hacia Madrid.



Rodar rápido, aprovechando cada cual las fuerzas que restan, pero habrá una última parada para foto de grupo. Posa uno, otro, al final todo el grupo, satisfechos con la ruta realizada.

Y a la tercera…

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