Niko Shera: "El judo es como jugar al ajedrez con fuerza física"
Niko Shera (nacido Nikoloz Sherazadishvili Sakvarelidze en Tiflis, Georgia, en 1996) fue el primer judoca español que logró ser campeón del mundo. Atesora dos títulos mundiales y tres bronces europeos. Formado desde la adolescencia en el gimnasio del subcampeón del mundo Joaquín «Quino» Ruiz, en Brunete (Madrid), trabaja cada día para obtener una medalla en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, tras dos intentos fallidos (el último, en 2024, en París).
–Históricamente, los judocas eran bajitos y fornidos. Usted es un titán. ¿No contempló otros deportes, el baloncesto quizá?
–Ja, ja. No soy tan alto como para ser jugador de baloncesto. Mido un metro noventa y dos. Podría haber sido base, sí, pero empecé con waterpolo, que es un deporte de equipo. También jugué al fútbol, porque era el deporte que practicaban mi hermano y todos los de mi clase, pero mi padre vio que yo era más grande y que no jugaba tan bien, y como su pasión era el judo, porque él lo practicó en su juventud, me apuntó. Me gustan casi todos los deportes y creo, aunque sea una sensación mía, que podría haber llegado a ser deportista de élite en otras disciplinas. Me encantan el boxeo, el baloncesto, el tenis. Y creo que sí que podría haber llegado a ese nivel top como en el judo. Porque el talento es empezar solo un paso por delante de los demás, pero el 99 por ciento es esfuerzo. Y yo tengo esa capacidad de sacrificio, disciplina y constancia que, para mí, es la clave del deporte.
–¿Cuánto le dedica a la estrategia, a ensayar distintos modos de neutralizar al contrincante?
–Como dice mi entrenador, Quino, el judo es como jugar al ajedrez con fuerza física. Constantemente tienes una estrategia. Alguien es zurdo, es diestro, es alto, es largo, es más fuerte al principio, tiene menos resistencia... Hay que observar al rival con mucha atención. Y a lo mejor te das cuenta de que después pincha, o que baja el ritmo, y ahí aprovechas tu oportunidad. Y esas son claves no solo a nivel técnico, también a nivel físico y mental. Hay gente que cuanto más se alarga el combate, más se rinde. Parece que en un deporte de alto nivel no tiene que darse eso, pero cuando llegas tan al extremo sí hay miedo y rendición. Cuando se chocan dos del mismo nivel, cuando hay muy poca diferencia en la parte física, lo que decide ahí es la cabeza, esa es la clave. La cabeza y la actitud de querer más. Porque en esos segundos siempre te viene a la mente rendirte o parar, y aun así sigues. Estás muy cerca, pero tan saturado mentalmente que ya no te da la cabeza. Y eso es lo que has practicado a diario, no rendirte. Si no te has rendido entrenando, no lo harás compitiendo. Lo que entrenas es lo que vas a hacer en la competición.
–Aunque luego se presentan imprevistos. Porque el rival, ellos y usted, es imprevisible.
–Así es. Porque luego hay cosas, sensaciones… Hay veces que pierdes por ti, y eso es lo peor porque el arrepentimiento es mayor. Si te han ganado, dices: «Por lo menos lo he dado todo». Pero que tengas la sensación de no haberlo dado todo, por la presión o por otros factores, duele mucho más.
"El talento es empezar solo un paso por delante de los demás, pero el 99 por ciento es esfuerzo"
–Tiene un palmarés sobresaliente: dos campeonatos del mundo y tres bronces europeos. ¿Soñó con ello, fue ambicioso desde siempre?
–No, sinceramente. Ni hubiera soñado con esos resultados. Pero ahora es algo, por así decirlo, normal, incluso me parece poco y quiero ir a por más. Porque si me conformo con lo ya conseguido, lo dejo. Tengo más ganas y siento que puedo conseguir más, e intentaré entregar todo lo que den mi cuerpo y mi cabeza para llegar más lejos.
–La asignatura pendiente es una medalla olímpica. ¿Los Ángeles 2028 es el último tren?
–Podría ser el último tren olímpico, sí, porque el siguiente ciclo son cuatro años… Hay que tener eso en cuenta. Llevo dos diplomas, que para mí no es nada. Hay que valorar todo, las lesiones, la motivación, las ganas… Siento que podrían ser mis últimos Juegos Olímpicos y por eso quiero hacerlo lo mejor que pueda. Tratar de no lesionarme, hacer entrenamientos de calidad, cuidar mi cuerpo todo lo que pueda para llegar a punto. Para mí es superimportante el Campeonato del Mundo, es una competición que me ilusiona porque eres el mejor del mundo de ese año y eso es increíble, pero ya lo he conseguido dos veces y una medalla olímpica no.
–¿Cómo se hace para que se disipe la frustración de irse de unas olimpiadas sin medalla?
–No hay una respuesta para eso. Creo que esa sensación sigue ahí conmigo y no hay ninguna técnica que pueda aplicar para que desaparezca. No es un clavo saca otro clavo. Yo creo que aunque consiga esa medalla en Los Ángeles, que van a ser mis terceros Juegos Olímpicos, no se me va a quitar nunca la sensación de Tokio o la de París, ese pensamiento seguirá ahí. En Tokio era tan superior que lo difícil era que me quedase sin medalla, entonces fue muy duro. Porque lo hice todo perfecto. Dentro de mí sentía que lo di todo. Y cuando lo haces todo perfecto, esperas que salga igual. Pero tenía mucha presión en la cabeza, y eso es un sobrepeso. Días antes sentía que estaba bien, pero el día de la competición vi que no. A la gente a la que le ganaba fácil, de repente me costaba el doble. Aun así avancé en combates, por lo preparado que estaba, pero no estaba como tenía que estar para los juegos y para cómo me los había preparado.
–Es georgiano de nacimiento, aunque lleva 16 de sus 30 años en España. ¿Es un orgullo representar a España en los campeonatos?
–Es un orgullo, claro. Pero es verdad que al principio fue muy complicado para mí. Yo soy muy patriota, pero jamás me hubiera cambiado la nacionalidad si no hubiera sido imprescindible. Si no, dejaba de competir, porque en Georgia no me iban a sacar. Y luego había una parte fundamental, que es mi entrenador desde los 13 años, Quino. Los años más importantes los he pasado con él; es el que me ha enseñado todo y gracias a él he llegado a conseguir estos resultados. Entonces me nacionalicé aquí porque mis padres se mudaron, fue una decisión suya. Y yo siento como propias la bandera de Georgia y la de España. Creo que las raíces nunca hay que olvidarlas, pero me encanta representar a España, es un orgullo, estoy muy cómodo, siento que voy a vivir toda mi vida aquí. Iré a Georgia de vez en cuando, pero después de retirarme seguiré viviendo en España porque aquí llevo casi toda mi vida, mis años más importantes.
–Esta sección lleva por título «¿Tienes fuego?». ¿Usted tiene fuego?
–Como te he dicho, mi objetivo final son los Juegos Olímpicos, que muy posiblemente serán los últimos. Así que ese fuego que llevo dentro tiene que llegar a Los Ángeles y encenderse el día de la competición.

