Javier Cordero Fernández, mi recuerdo a una persona especial
Ayer, 28 de enero, recibí una mala noticia. Había fallecido una gran persona, un gran hombre, un buen amigo. Una de estas personas que no suelen abundar.
Conocí a Javier por estas casuales coincidencias que suelen producirse en el curso de nuestra vida…
…Él mismo lo comentaba, al cabo de los años, en la dedicatoria de su excelente libro Los Talentos Olvidados del Ajedrez (*), editado en el año 2020, con un magnífico prólogo del recordado maestro, Miguel Ángel Nepomuceno, con algunos de los preciosos versos escogidos de la nostálgica y romántica Oda a la Inmortalidad, del gran William Wordsworth, que ahora me atrevo a recordar, añadiendo algunos versos más del extenso poema original.
…Aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.
Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.
Aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores, no debemos afligirnos,
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo,
en aquella primera simpatía que habiendo sido una vez,
habrá de ser por siempre en los sosegados pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la muerte.
Gracias al corazón humano, por el cual vivimos;
gracias a sus ternuras, a sus alegrías y a sus temores,
la flor más humilde al florecer puede inspirarme ideas que, a menudo,
se muestran demasiado profundas para las lágrimas…
(*) Aquí podemos ver la dedicatoria que me dedicó en su libro, debajo de la destinada a su hijo Javier.
Sus comentarios se deben a un libro que traduje, hace años, sin ningún mérito especial, en el que figuraban estas dos partidas, como otras de jugadores, y que él incluyó en su primera web, ajedrezdeataque, creada el 16 de marzo de 2004 y que después iría ampliando (ver este enlace). Fue aquí y desde el momento en que me percaté de que había incluido mis partidas contra Perdigó y Marimón, jugadas en 1963 y 1964, respectivamente, cuando le puse una nota en su web, y de esta manera nacería nuestra amistad, que perduraría en el tiempo.
Poco a poco fuimos conociéndonos e intercambiábamos todo tipo de información ajedrecística. Lo que no tenía el uno, tal vez lo tendría el otro. Cuando a mí me surgía un dato que estaba seguro de que él no conocía, se lo enviaba en seguida y su alegría era inmediata. Y a la inversa. Nunca tuvimos el más mínimo roce. Es más, creo que él me apreciaba, tal vez más de lo que yo suponía. Y cuando finalizó su libro sobre Los Talentos Olvidados del Ajedrez, no tuvo ningún reparo en anotar esto en el apartado de Agradecimientos:
Y así seguimos hasta la actualidad. Son numerosos los mails y WhatsApp que nos cruzamos, como también alguna que otra llamada telefónica, hasta que llegó el día fatídico que me comentó que estaba muy enfermo. Intentaba darle ánimos a menudo, pero él no estaba seguro de que el tratamiento llegara a buen fin. En la medida que yo hacía algún artículo, en el cual siempre intentaba poner alguna referencia con el contenido de su nueva web, Historia del Ajedrez Español, que ya dominaba con su característica solvencia, le enviaba el articulo antes de ser publicado para intentar que se distrajera. Y no digo que no lo consiguiera. Pero cuando le envié los dos últimos por WhatsApp, el 3 y el 16 de enero, iba comprobando si habían estado abiertos. Al verlos cerrados empecé a temer lo peor. Desgraciadamente mis presagios se confirmaron cuando ayer, tal como decía al principio, recibí de mi hijo Joaquim la nota sobre su fallecimiento, en la que venía incluida esta fotografía que también figura en la solapa de su libro y en sus webs.
¿Qué puedo decir más sobre Javier? Pienso que no hace falta comentar que fue una persona que llevaba el ajedrez impregnado en todo su cuerpo. Un hombre de los que no abundan. Un gran hombre, integro y cabal.
Y de lo estoy convencido es de que todo su trabajo, su obra, sus libros, son como un canto que debe perdurar, como una Oda a la Inmortalidad.
Adiós, amigo, espero que desde allí donde estés puedas ir siguiendo el curso de nuestra historia, a pesar de que uno de sus peones más importantes ya no podrá coronarla.
Recibe un fuerte abrazo,
Joaquim

