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23 de enero

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EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

¿Quién duda que el 23 de enero es una fecha emblemática para Venezuela? Ese día, en 1958, nació la democracia en nuestro país, luego de intentos fallidos y con el concurso de todas las corrientes sociales y de pensamiento, agrupadas en la Unión Patriótica, en medio de un descontento popular que finalmente impulsó al estamento militar a abandonar al general Marcos Pérez Jiménez en su deseo de eternizarse en el poder.

Pero el 23 de enero es una fecha emblemática por otra razón vinculada al deporte, que deberíamos celebrar el día en que Venezuela dedique el mismo tiempo de veneración y estudio a sus héroes ciudadanos que a ese grupo de osados que desafiaron al imperio español, imponiéndose a la devastación en el doloroso proceso de casi tres lustros que duró la Guerra de Independencia.

El Chico Carrasquel vio la luz en Caracas 30 años antes de la célebre madrugada en que el dictador de turno huyó. Fue en 1928, fecha de luces y comienzos, de desafíos al autoritarismo gomecista por parte de jóvenes cadetes y estudiantes con boinas azules.

Venezuela ha tenido muchas figuras en el ámbito del deporte. Ninguna fue tan popular, caló tan hondo y representó tanto como Alfonso Carrasquel. Fue el mejor campocorto de su tiempo, el primer grandeliga estelar nacido en estas tierras, el pionero latinoamericano en el Juego de Estrellas.

Era, además, un caballero de su tiempo, un ángel con chispa y don de palabra, un seductor, a quien se atribuyen las más divertidas anécdotas, muchas relatadas por él mismo. Los admirados Milagros Socorro y Sergio Machado escribieron muchos de esos relatos en sus entretenidas biografías del Chico: Con la V en el pecho y El Fantasma de la Calle 35.

En esas páginas está la risa del personaje. Era dueño de un magnetismo que le hacía entrañable, tanto en su casa como en el norte. Una vez, mientras conversábamos en el US Cellular Field, medio centenar de personas pasó cerca de nosotros en la hora y media que duró la charla. Todos, desde el cocinero hasta el gerente general de los Medias Blancas, le saludaron en castellano o en espanglish: “Hola, Chico”; “Hi, Chico”; “Hello, Chico”; “¿Cómo estás, Chico?”.

No era afecto gratuito. Carrasquel, como el maestro Billo Frómeta y otros hacedores de la venezolanidad, representaba lo mejor de nosotros, el trabajador denodado que no perdía el buen humor, el que respetaba las leyes y daba el ejemplo con sus acciones.

Hemos perdido muchos de esos valores y el paso del tiempo, ciertamente, cambia a los países y su gente. Pero no todos los cambios tienen que ser para mal, y no tienen que ser permanentes los que sí lo sean.

Llegará el día en que un maestro de escuela y un polícía ganarán tanto como un general y el sistema de justicia no permitirá la impunidad. Y volveremos a caminar las calles sin miedo, no importa la hora. Llegará el día en que rescataremos lo mejor de esa venezolanidad que aún va en nuestros corazones, rescoldo que alienta la esperanza de un futuro mejor.

Cuando eso ocurra, empezaremos a dar a nuestros héroes civiles el trato que merecen. Estarán en los libros de texto de las escuelas y nos enseñarán a ser mejores personas con su ejemplo y su memoria.

Uno de ellos será el Chico, aquel inolvidable caraqueño que siempre sintió orgullo por haber nacido un 23 de enero, el día en que él y sus compatriotas conocieron la democracia.

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Columna publicada en El Nacional, en su edición digital del jueves 24 de enero de 2019. No pudo circular en papel debido a las restricciones que sufre la prensa venezolana.

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