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Y después del Cacao Valdez, ¿qué?

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El emergente
Ignacio Serrano

Pasada la vergüenza de conocer que Jesús Valdez resultó positivo por dopaje, luego de que el pelotero se negara al examen, de que su equipo respaldara esa negativa y de que la directiva de la LVBP precipitara la renuncia de la Comisión Antidopaje, en un asunto que se manejó mal… luego de todo eso, ¿qué?

Hemos leído muchas propuestas sobre lo ocurrido. Algunas son inviables.

Hay quien pide una suspensión de por vida del dominicano y castigarle en el todo beisbol del Caribe. En ninguna parte del planeta se aplica una sanción de ese tipo a los deportistas que son sorprendidos por primera vez. Se hace lo que dice el reglamento, que en el caso de nuestra pelota son 25 juegos. Pedir más es violentar las leyes. Se pueden pedir mayores penas para casos futuros y coordinar algo a nivel internacional en el porvenir, pero a Valdez se le debe aplicar la norma vigente.

Otros exigen castigo para el Magallanes. Hemos leído con sorprendente reiteración la propuesta de rebajarles la cuota de importados. En realidad, acá no hay manera de probar mala fe. Y aunque se demostrara, la normativa no prevé un recorte en la importación para amonestar a alguna novena. La respuesta acá es la misma que para quienes exigen una expulsión vitalicia: no es aplicable.

A los Navegantes, y esa es la información que desde el comienzo manejábamos, les pasó lo mismo que a la directiva de la liga: al ser la primera vez en tres años que la Comisión Antidopaje decidía aplicar la cláusula de exámenes sorpresa, todos se vieron fuera de base. No se trata de excusar a nadie, se trata de poner en contexto lo sucedido. Al no existir relaciones fluidas entre las tres partes, el sistema sufrió un quiebre temporal, que por fortuna se corrigió cuando los demás clubes, apelando a la Política Antidopaje, plantearon que el slugger debía realizarse el examen sin sorteo, aunque no estuviera feliz con eso.

Este engorroso asunto, que todavía no ha terminado, plantea con urgencia la necesidad de tomar medidas que fortalezcan la credibilidad del pasatiempo nacional, la defensa del juego limpio y la salud de los peloteros.

No todos en la LVBP están contentos con la lucha contra el dopaje. Hay quienes la consideran molesta y costosa. Eso es lo que está en juego ahora mismo.

El beisbol venezolano dio un paso adelante en la región, al convertirse en el primer circuito con un sistema propio de controles. Esto sucedió hace casi cuatro años, después de que Alex Cabrera quebrara el récord de jonrones en medio de rumores y sospechas que luego se confirmaron.

¿Por qué no se le retiran los récords y premios al Samurái? Porque ninguna ley puede aplicarse en retroactivo. Pero desde que ocurrió ese lamentable episodio, existe un procedimiento que fortalece la credibilidad del juego y que debemos aplaudir y reforzar.

La Política Antidopaje no tiene vuelta atrás. Sería un golpe muy duro en la reputación y credibilidad del deporte favorito en nuestro país. Pero lo que acaba de suceder también obliga a fortalecer el sistema, para que nadie dude de la determinación del circuito y de los ocho equipos por erradicar el consumo de sustancias controladas.

Las próximas semanas serán cruciales. Viene la Jornada de Reflexión, a finales de febrero, y entre mayo y junio será la Convención Anual. Allí se nombrará una nueva Comisión Antidopaje y se decidirá el rumbo que ha de seguir nuestro beisbol después del caso del Cacao Valdez. Para bien o para mal.

Columna publicada en El Nacional, el martes 20 de febrero de 2018. 

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