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El estreno de José Moreno

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El emergente
Ignacio Serrano

José Moreno nunca había dirigido en Venezuela. El gran público no conocía su nombre. Venía de cumplir varios roles en las Menores, últimamente como estratega en Clase A de temporada corta.

El falconiano es un desarrollador de talento. Eso permitió ver la que por ahora es su mayor virtud como estratega. Su experiencia al frente de Cardenales durante la temporada 2017-2018 permitió conocer sus dotes de motivador, capaz de manejar con mano izquierda los malos momentos y llevar al grupo a buen puerto.

No todo fue plácido en el camino. A mediados de octubre, perdió siete veces de manera consecutiva y cayó a la zona baja de la tabla. Noviembre consiguió a los pájaros rojos con récord negativo. Seguidores impacientes especulaban sobre supuestas molestias en el dugout, falta de estímulo en los peloteros, incapacidad del cuerpo técnico para salir del agujero y mantener contentos a todos.

La realidad por dentro era diferente. Esa primera prueba fue superada por Moreno, sin aspavientos. Sus jugadores no desesperaron, siguieron con sus rutinas, mientras trabajaban para salir del bache. Tras la primera gira a Puerto La Cruz, a comienzos de noviembre, Lara pisó el acelerador. Comenzó a ganar tres de cada cuatro juegos y terminó en el primer lugar, castigando a las Águilas en la primera ronda del playoff y barriendo a los Navegantes en la semifinal.

Estaba obligado a llegar a la final, es verdad. Allí estuvo su predecesor, Luis Dorante, exactamente 12 meses antes. Le dejaron la vara alta. Pero demostró capacidad para mantener a todos enfocados y sacó provecho de los jóvenes, creando la mejor banca de la zafra y un bullpen que se nutrió en la eliminatoria de los brazos en ascenso, aunque ninguno estuviera disponible en la postemporada.

El falconiano tuvo otro éxito: saber conseguir lo mejor de sus coaches. Selwyn Langaigne tuvo espacio para impactar en los bateadores, al punto de que transformó a varios de ellos. Con José Rosado diseñó uno de los mejores cuerpos de pitcheo de la liga. Carlos Mendoza aportó análisis estadístico y un vistazo moderno desde la banca. Cada quien hizo lo suyo.

¿Qué faltó? La única pieza suelta estuvo en el cuerpo de relevistas. Salvo por el tiempo en que Ryan Kelly fue el cerrador, los occidentales jugaron sin un guión implacable para ejecutar tras la salida de los abridores. Es difícil precisar que eso fue responsabilidad del piloto. En realidad, demasiados apagafuegos incumplieron con el papel diseñado para ellos: Osmer Morales, Luis Lugo, Jhondaniel Medina, Ángel Calero y Yoervis Medina no respondieron como se esperaba, y Felipe Paulino cayó en slump.

¿Es eso achacable al timonel, a sus instructores o a la gerencia?  Es una pregunta compleja. Pero el caso es que Cardenales voló toda la zafra con esa duda. El beisbol moderno requiere contar con tres o cuatro brazos dotados con herramientas de cerradores, para usar desde el sexto inning. Eso faltó en Barquisimeto y se notó especialmente en la final.

Moreno acaba de ser ratificado. Tendrá una segunda zafra para seguir creciendo. Como todas las nuevas oportunidades, ahora no le bastará con motivar. Deberá subir un escalón como estratega, aplicar más análisis estadístico, romper esquemas tradicionales. Tiene el deseo y sabe manejar grupos. Eso es básico para un buen manager.

Columna publicada en El Nacional, el viernes 2 de febrero de 2018. 

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