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¿Qué le faltó a Cardenales?

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El emergente
Ignacio Serrano

Cardenales lucía bien armado al comenzar la temporada, cuando sufrió una mala racha de siete derrotas y por única vez pareció desorientado en la eliminatoria. Cerró la ronda regular en primer lugar, cada semana con más impulso, y superó abiertamente a las Águilas, campeón defensor, y a los Navegantes, el equipo que cerró diciembre en la segunda posición. Todo apuntalaba el optimismo crepuscular. ¿Qué pasó en la final?

Lara logró la etiqueta de favorito por su average colectivo de .318, récord para la LVBP, y una efectividad grupal únicamente superada por Zulia, que juega en un parque más amigable para los pitchers. Llegó a enero con la mejor banca. Su rotación fue estable toda la zafra y añadió al grandeliga Junior Guerra. La afición tenía justificadas razones para esperar lo mejor. ¿Por qué no sucedió?

Lo primero es obvio: en el deporte se gana y se pierde. Ocho empezaron y solamente uno podía celebrar. La derrota es parte del contrato que se firma al entrar a un torneo.

Caribes, además, era un rival temible. Ganó los últimos ocho juegos de la eliminatoria, apabulló al Magallanes y luego al Caracas. Trajo importados útiles a última hora. En cada draft escogió exactamente la pieza necesaria, y cada pieza respondió. Con un pitcheo recompuesto, una defensa que estabilizó Luis Sardiñas y un lineup que mezclaba bombarderos y habilidosos, todo estaba servido para un choque de titanes.

Y chocaron. Hasta el octavo inning del quinto juego, con la serie igualada y la pizarra empatada, cada choque había sido un emocionante duelo de pitcheo. Entonces vino el jonrón de Sardiñas y, dos días después (o dos entradas después, como se quiera ver) el Grand Slam de Luis Jiménez. Esas dos tablas acabaron con la final. Los crepusculares ya no supieron reaccionar, ante la urgencia de ver que el tiempo se les terminaba.

Hubo fallas, claro. Los pájaros rojos entregaron 20 bases entre boletos y pelotazos a partir del cuarto juego. Lo que hicieron con los brazos (adormecer los bates rivales) lo deshicieron con el descontrol. Por eso, la tribu encontró siempre gente en circulación. Y la toletería occidental, apremiada por el gran escenario, atacó más y esperó menos en el home, a diferencia de cómo había sido en el resto de la justa.

La inesperada sequía de Ildemaro Vargas, Juniel Querecuto y Alex Romero apagó la chispa. Falló el remolque, al punto de que llenar las bases se convertía en un mal augurio.

Pero el alto mando también tiene tarea. ¿Fue adecuado el manejo del pitcheo? Porque se usaron alternativas diferentes a situaciones semejantes, sin un guión definitivo, como sí lo tuvo el rival. Y no todos los movimientos funcionaron: Scott Maine fue desvaneciéndose, afectado por sus problemas físicos, Romero se apagó y Alejandro Soto, tomado en el último draft en vez del también zurdo Logan Darnell, resultó bateado, mientras que Darnell fue decisivo.

Este equipo tuvo algo que le faltó en la 2016-2017: mostró carácter en enero. Levantó juegos perdidos en Maracaibo, Valencia y Puerto La Cruz. A 11 innings de terminar la final, tenía tanto chance de ganar como Caribes.

La amarga tarea que empieza ahora pasa por clarificar qué fue parte del azar, porque eso también existe, y qué se puede cambiar. Determinar eso último es la clave para poder alzar la corona la próxima vez.

Columna publicada en El Nacional, el martes 30 de enero de 2018. 

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