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Detrás de las papeletas del Salón de la Fama

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El emergente
Ignacio Serrano

Hay mucho que analizar detrás de las papeletas que este año se completaron para decidir a los nuevos miembros del Salón de la Fama.

Lo primero, para Venezuela, era algo obvio: sacar cuentas sobre cuál puede ser el destino de Omar Vizquel. Por eso le dedicamos la columna entera ayer.

Hay mucho más, sin embargo. Por ejemplo, la suerte corrida por Johan Santana y Carlos Zambrano.

A Santana le queda una ulterior oportunidad, si algún día su nombre es sometido a consideración del Comité de Veteranos, algo que no podrá pasar antes de 2024. En los cinco años y fracción que transcurrirán hasta entonces, necesita que se profundice la polémica planteada por varios periodistas en esta ocasión. ¿Cuántos años de excelencia son necesarios para lograr la inmortalidad?

Dicen analistas tan serios como Joe Posnanski que los del Gocho fueron suficientes. Pero debido a que la planilla está sobrecargada de peloteros que no entran a Cooperstown, por estar asociados con el dopaje, ni quedan descartados, porque sus números y hazañas siguen captando votos, el merideño no podrá beneficiarse de ese debate, ya que es menos probable que se dé.

Sin una profunda discusión que duró varios años, ni Jack Morris ni Alan Trammell, Jim Rice o Tim Raines habrían logrado la inmortalidad. El chance improbable de Santana pasa ahora porque esa discusión suceda a partir de otro caso semejante que pueda ocurrir o porque haya quien asuma su defensa y plantee el tema con insistencia en adelante, lo que parece difícil.

Zambrano es otra historia. Sí llama la atención que ni siquiera consiguiera un voto, pese a que podría argumentarse que en su mejor momento también llegó a ser uno de los cinco pitchers más dominantes de la MLB. Sin duda, los pocos votantes que podían pensar su caso terminaron mirando a otro lado, debido al historial de desplantes, peleas con umpires y sus propios compañeros, termos de agua destrozados y declaraciones destempladas que con frecuencia realizó.

También es interesante lo sucedido con los ex peloteros involucrados en dopaje. Aunque Roger Clemens y Barry Bonds subieron ligeramente su porcentaje, Clemens apenas sumó tres votos más que en 2017 y Bonds recibió la misma cantidad de respaldos, ni más ni menos. Manny Ramírez, Gary Sheffield y Sammy Sosa quedaron todavía más rezagados, lo que hace presumir que nunca entrarán al pabellón, aunque sigan apareciendo entre los candidatos.

Clemens y Bonds mantienen un ligero chance. Seguirán siendo elegibles durante cuatro años más y los nuevos electores parecen inclinados a apoyarles. ¿Habrá suficientes votantes "novatos" de acá a 2022? No parece probable. ¿Ganarán la batalla de opinión pública que sus defensores han desatado, bajo el argumento de que solo importan los numeritos? Luce difícil hoy. Lograr tres cuartas partes de los apoyos parece una tarea ciclópea, en las actuales circunstancias.

Hay un punto que llama la atención, al evaluar los resultados que obtuvieron una vez más los (posibles o comprobados) consumidores de esteroides: ¿por qué la doble medida?

¿Qué hace a un periodista defender y apoyar a Bonds y Clemens, dejando a un lado, sin embargo, a otros con estadísticas indiscutibles y similar reputación, como Ramírez, Sheffield y Sosa?

Allí no caben diferencias, si se juzga con coherencia.

Columna publicada en El Nacional, el sábado 27 de enero de 2018. 

Haz click aquí para leer otras entregas de la columna El Emergente

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