Bob Abreu, el candidato de Bill James
El Emergente
Puede que Bob Abreu todavía no lo sepa, pero un tuit de tan sólo 81 palabras, publicado esta semana, es la mejor noticia beisbolera que ha involucrado al Comedulce desde su retiro, en 2014.
Aquí va una traducción libre: “Esta es la observación hecha al azar correspondiente al día de hoy. Bob Abreu fue un pelotero con calibre del Salón de la Fama”.
El autor del tuit es nada menos que Bill James, considerado por algunos como el padre de la sabermetría (no lo es) y sin duda la personalidad más admirada en el mundo del nuevo análisis por la legión de periodistas y aficionados que comulgan con esa forma de evaluar el juego, tan vigente en la MLB.
Es la primera autoridad que respalda de modo tan rotundo la opción del aragüeño, que en diciembre de 2019 entrará a la planilla de votación para ingresar a Cooperstown.
Abreu, hasta ahora, ha sido visto como un muy buen pelotero, capaz de hacer muchas cosas. Pero no un inmortal. Quizás algunos pensáramos que sí lo es, en términos deportivos, pero no es algo que públicamente se haya dicho en los medios estadounidenses. Hasta ahora.
La hoja de servicios del patrullero es realmente brillante. Pero como no fue un jonronero nato ni un bateador de .330 o un robador de 40 almohadillas por temporada, en fin, como hizo de todo un poco, pero en nada fue el número uno, su caso ha sido soslayado de modo considerado, aunque reticente. No obstante a ello, James, ciertamente, tiene un caso que respaldar.
El nativo de Turmero disparó 574 tubeyes, lo que todavía le ubica en la posición número 24 de todos los tiempos. Tomó 1.476 bases por bolas, lo que le mantiene en la vigésima casilla. Robó 400 almohadillas (lugar 73), sumó 4.026 bases con sus conexiones (peldaño 87) y acumuló 1.708 carreras creadas (puesto 50).
Ese breve repaso demuestra que estamos ante un jugador excepcional, cuyos numeritos son superiores a muchísimos integrantes del pabellón. Son más carreras creadas que Willie McCovey y Harmon Killebrew, más bases alcanzadas que Roberto Alomar, y sus 921 extrabases le ponen entre los 60 mejores de la historia, por encima de muchas leyendas.
Entonces, ¿por qué James es el primer analista de importancia que plantea sin ambages la candidatura del Comedulce?
Posiblemente se deba a sus promedios. La línea del venezolano es de .291/.395/.475, realmente sobresaliente, pero sin ningún logro redondo: no bateó para .300, no logró mantenerse sobre las cuatro centenas en promedio de embasado y la frontera de los grandes aporreadores está delimitaba por los .500 de slugging.
Esa línea es la prueba del precepto que asomáramos al comienzo de la columna: son guarismos realmente buenos, pero no son únicos.
Lo excepcional es cuando todo se junta. Es un argumento clásico precisar que sólo Abreu y Barry Bonds han podido combinar al menos 1.000 anotadas, 1.000 empujadas, 1.000 boletos, 250 jonrones, 400 estafas y 500 dobletes. Nadie más. Pero viendo lo escrito arriba, y recordando que su OPS de .870 le tiene en el puesto 112 de todos los tiempos, hay razones para defender su candidatura.
La sabermetría viene cambiando la forma de evaluar el beisbol, incluso en la votación del Salón de la Fama. Y eso, a lo que dedicaremos una segunda columna, es la esperanza del Comedulce.
Que lo diga Bill James.
Publicado en El Nacional, el domingo 18 de junio de 2017.

