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Zulema Fuentes-Pila: «Hice la carrera de mi vida para estar en una final olímpica y correr la final de récord del mundo fue la apoteosis»

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Texto de Ángela Ruiz Terán / Fotos: AFP Y FCA

El atletismo ha sido algo más que una parte de mi vida. Me lo ha dado todo”. Así describe Zulema Fuentes-Pila al deporte que la cogió de la mano hace más de 25 años y que todavía no la ha soltado. En la adolescencia quiso calzarse las mismas zapatillas que tanto hacían disfrutar a sus hermanos y, siguiendo su estela, se colocó el dorsal en el pecho con tanta ilusión que todavía permanece intacta cada vez que pisa la línea de salida. Pero la huella de quienes la precedieron en la familia tan solo fue el vínculo que la unió al atletismo, pues pronto Zulema se fue forjando la suya propia con silenciosas pero decisivas zancadas que la llevaron en volandas al acontecimiento deportivo por excelencia, los Juegos Olímpicos. En su rastro, que seguirán nuevas generaciones, quedan grabadas más de una veintena de internacionalidades y los récords cántabros de 1.500 metros en pista cubierta, 3.000 al aire libre, y el histórico 9:29.40 en los 3.000 obstáculos. Zulema cambió el prado de La Vega de Pas por el tartán de los grandes estadios internacionales, y el silbato de las primeras carreras populares por el eco de la pistola ante el rugir de una grada animando bajo los cinco aros olímpicos. Pero nada vino solo, entre medias le dio al atletismo las dosis exactas de trabajo, tesón y ganas. “Lejos de decir qué vida tan dura, porque el atletismo es muy sacrificado, todo ha sido muy dulce. Hasta los sinsabores han sido dulces”, reconoce Zulema. La mayor de las hermanas Fuentes-Pila suma entre su palmarés tres Campeonatos de Europa al aire libre (Gotemburgo, Barcelona y Helsinki); dos en pista cubierta (Viena y Birmingham); el Campeonato del Mundo de Osaka y el Mundial bajo techo de Birmingham; tres Copas de Europa; dos Campeonatos Iberoamericanos; los Juegos del Mediterráneo de Túnez; tres Campeonatos del Mundo de Cross y dos de Europa; los Juegos de Pekín 2008, además de seis títulos absolutos y las plusmarcas nacionales de 3.000 obstáculos en los años 2002 y 2006.

– ¿Cómo fueron sus primeros pasos en el atletismo?

Empezó mi hermana Iris primero, a raíz de una charla sobre atletismo que José Manuel Abascal dio en el colegio, y después Margarita. Yo fui siempre la más reacia, empecé muy tarde, en la peor edad, con 16 o 17 años. Veía a mis hermanas disfrutar tanto, viajaban, llegaban a casa contando anécdotas, se lo pasaban tan bien que me animé a participar en una carrera popular a la que iba el equipo -Pryca Vega de Pas-. Al principio quedaba la última o la penúltima, pero se vivía un ambiente tan bueno que me enganché a las carreras. Partir de cero con esa edad no es fácil, no tenía un cuerpo atlético, pero el objetivo era disfrutar y pasarlo bien.

– Empezó con una edad donde muchas atletas ya llevan años de formación. ¿Cómo recuerda esa primera etapa hasta conseguir hacerse un hueco?

Cuando comencé a participar en campeonatos regionales hacíamos más habituales los entrenamientos, nos lo empezamos a tomar un poco más en serio, y cogiendo condición física mejoraba poco a poco. Siempre fui como las hormiguitas, con mucho trabajo y paso a paso: empecé de cero con 17 años, quedando mal, seguí con los campeonatos regionales y luego participé, ya con 19 o 20 años, en los Campeonatos de España Absolutos. Fui trabajando y cosechando a la vez. Vi que había resultados, que iba mejorando y ese es el mejor incentivo para un deportista. Si hubiera empezado yo sola probablemente lo habría dejado, pero ves a tus hermanos sacrificándose, y recogiendo unos frutos increíbles, y eso también es un estímulo.

Lo compaginaba con mi trabajo y entonces llegó mi primer Campeonato de Europa de pista cubierta en Viena, que lo guardo con un cariño excelente. Pasé a la final y fui de la mano de mi hermana Iris. Ahí ya te ves un poquito más arriba y prioricé para poder dedicarme en cuerpo y alma al atletismo. Fui mejorando aún más, tenía frescura, tenía el mejor mentor, José Manuel Abascal, que estaba siempre guiándonos de la mejor de las maneras, y tenía a mis hermanos, con los que compartía todo. Vas viendo que tu sacrificio va dando sus frutos. Todo eso ha sido pasito a pasito, pero ha pasado volando.

– Sus éxitos tienen sello cántabro pues, aunque estuvo unos años entrenando fuera, su carrera atlética la ha desarrollado aquí. ¿Cómo eran los primeros entrenamientos de la atleta que llegó a ser olímpica en 2008?

Los comienzos fueron en La Vega de Pas. Abascal hacía unos circuitos en un prado de la manera más rudimentaria que había. Montaba allí unas vallas y unos gimnasios con cosas de andar por casa. No teníamos material pero nos hacía trabajar la fuerza muy bien. Abascal se encargaba de recogernos a cada uno de nosotros en su casa, con una furgoneta del club, y nos llevaba a La Vega de Pas. Allí, dentro de la diversión, nos preparábamos de la manera más espartana. Hemos entrenado con nieve, con granizo, y eso, de alguna manera, nos ha curtido y nos ha hecho más fuertes. Por aquella época bajábamos también a Liencres y hacíamos dunas descalzas. Cuando salimos de La Vega de Pas, el laboratorio nuestro -como lo llamaba Abascal- era Liencres, entrenar allí era coger una fuerza natural.

Hubo una época en la que estuve durante tres años en Valladolid, con mis hermanas. Pero después volví otra vez a casa con Abascal. Me di cuenta que mejor que él, que nos descubrió, nadie te iba a conocer. Nos pasa, yo creo que a todos los deportistas, que parece que todo lo de fuera es mejor. Y aquí también lo hacía José Manuel, de la manera más rudimentaria, pero con sabiduría porque es un hombre que lo ha vivido en las piernas, y su experiencia la supo trasmitir de manera excepcional. Nos gustaba mucho subir también a la campa de Áliva cuando Abascal hacia acampadas allí, donde nos reunía para entrenar a 1.000 metros de altitud.

– En el 2008 llega la gran cita de Pekín, ¿se imaginaba en algún momento esa adolescente que entrenaba en un prado por La Vega de Pas llegar a unos Juegos Olímpicos? ¿Cómo lo vivió?

Con 17 años, en esa edad complicada, pensaba al principio en divertirme. Siempre he sido muy luchadora y muy sufridora, y paso a paso los resultados vienen automáticamente si todo lo haces más o menos bien. En esos momentos empiezas a creer en ti y dices “tengo dos piernas que reaccionan, no me lesiono, entreno, me cuido, tengo un buen entrenador, hay que aprovechar todo esto”. Y así lo hicimos.

Los Juegos Olímpicos son lo máximo para un deportista y el evento más especial del atletismo, pero aparte tengo sellado en el corazón el año 2004, el de Atenas, porque conseguí la marca para ir a esos Juegos, jugándomela en el 1.500 con mi hermana en una prueba donde cuatro atletas hicimos la mínima olímpica. Nos batimos el cobre en el Campeonato de España y fui cuarta. Lo más difícil para acudir a unos Juegos es conseguir la marca, y yo la había hecho unas cuantas veces ese año. Luchamos juntas, entrenamos juntas, viajamos por toda Europa, hicimos registros excelentes, y en el momento de tener el billete en la mano para ir juntas a las olimpiadas, en plena juventud, se truncó en el último momento. A falta de 500 metros di un estacazo, como lo teníamos planeado, pero en la última recta Natalia -Rodríguez-, Nuria -Fernández- e Iris se pusieron a la par. Cuando llegué a meta se me caían las lágrimas porque tenía que soltar de la mano a mi hermana. Ir la dos juntas a los Juegos hubiese sido el colofón a la temporada. Después me resarcí y pude estar en Pekín con ella. Fue muy especial y muy bonito todo. Conocer a Nadal, Gasol, Bolt, a todos los grandes deportistas, compartir el mismo comedor y cruzarte con ellos en la villa olímpica es otro mundo, otra historia.

– ¿Recuerda esa carrera de Pekín donde pasó a la final?

Iba la 56 por marca, sin más pretensión que salir a hacer mi carrera. Estaba en unos Juegos Olímpicos, con todo lo que ello suponía. Me pongo en la línea de salida, con dieciséis atletas, los correspondientes obstáculos, la ría en cada vuelta… Me sitúo entre los puestos 12 y 14, corriendo en la parte atrás porque eran carreras desenfrenadas, y justo se cae en la ría la atleta etíope que iba delante. Lejos de pararme, la paso por encima, suelto todos los nervios, toda la adrenalina, y empiezo a correr hacia adelante y a pasar atletas hasta cruzar la línea de meta en cuarta posición. Se clasificaban las cuatro mejores atletas por puestos y estaba en la final. Hice mi mejor marca -9:29.40- aun con la caída de la etíope. La carrera de mi vida, y mira que es difícil llegar al día ‘D’ estando en forma. En la final ya fue la apoteosis. Fue la carrera donde se cayó Marta Domínguez y en la que se batió el récord del mundo -Galkina con 8:58-81-, que ahora se ha vuelto a rebajar. Lo di todo en la eliminatoria por participar en una final olímpica, y allí estuve, quedando en el puesto once, en la carrera del récord del mundo de obstáculos. Está muy bien.

– Después de más de cinco años sin ser internacional, renunciando a un Mundial después de ser madre, volvió a vestir la roja en 2018 en el Europeo de Campo a Través de Holanda. ¿Qué supuso volver a un gran campeonato después de todo ese tiempo?

Fue un pequeño regalo. Dos años antes de ser madre estuve en el Campeonato de Europa de Helsinki, pero al venir me encontraba ya muy fatigada, me veía que no sacaba resultados a mi cuerpo, que ya no era yo. Tras esos once meses de parón por la maternidad mi cuerpo regeneró y volví a encontrarme. Nunca me propuse volver, pero como soy amante del deporte y de la naturaleza andaba todos los días, e Iris me ayudó a fortalecer y a recuperar. A los cuatro meses ya estaba corriendo. En invierno, en los crosses, algo que nunca había sido mi punto fuerte, me veía muy bien. Me clasifiqué para ir al Mundial, pero renuncié porque eran muy pequeños. La verdad que ha sido una sorpresa el regalo que he tenido después de la maternidad, cómo me he encontrado sobre todo en las campañas invernales. Tras ser madre no he tenido grandes pretensiones, he disfrutado mucho de cada zancada. Empecé muy en silencio y me iré también en silencio, poco a poco.

– Millas, crosses, los 3.000 obstáculos como especialidad, ahora haciendo unas temporadas invernales a gran nivel… Después de tantos años moviéndose en diferentes registros, ¿cómo se definiría como atleta?

Mis hermanas son la calidad y yo el tesón. Quizás he tenido menos calidad a nivel de anatomía como atleta, pero lo he suplido con mucho espíritu de sacrificio. Sé el momento donde tengo que sufrir. Ellas también, pero además tienen ese plus de calidad. Yo me he lesionado menos y he sabido sufrir, soy una sufridora nata.

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– ¿Cómo valora el nivel en fondo y mediofondo en la región?

Vivimos en una era en la que los jóvenes pasan el tiempo sentados con las nuevas tecnologías. Partiendo de la base de que estamos sumergidos en la sociedad del sedentarismo es más difícil que salgan deportistas, no solo a nivel regional, también a nivel nacional. Yo tuve una infancia que estábamos en la calle jugando, corriendo, saltando, y así tiene que ser. Los niños tienen que moverse, aunque no hagan un deporte específico. Eso sí, siempre he creído que en Cantabria, aun siendo una de las autonomías más pequeñas, hemos tenido lo mejor de lo mejor en cuanto a atletismo: Irene Pelayo, Ruth Beitia, Elena Moreno… Para ser tan pequeña ha habido muy buena materia prima. Y también hay juventud, que puede suplirnos con creces. Ahí tenemos a Adriana Cagigas o Noemí Cano. Los récords son para batirles. Entre buenos entrenadores y buenas atletas cántabras saldrá la nueva generación. Ahora bien, esto es un equipo, tiene que haber unos padres que te animen y te apoyen, un buen entrenador, y dejar todo fluir, sin obsesiones. Si hay materia prima, si hay ganas de sacrificarse y mucha disciplina, lo demás creo que viene solo.

– ¿Cuáles son los próximos objetivos de Zulema Fuentes-Pila atleta?

Aunque la ilusión la tengo intacta, ahora me gusta transmitir más que conseguir. Me gusta ver a los niños en los colegios donde doy clase de atletismo. Intento que les guste hacer este deporte. Me recuerda a mis inicios, a pesar de que yo empecé tarde. Que después en invierno conseguimos hacerlo bien y estar a tope en los Campeonatos de España, pues será para mí de nuevo un regalo, pero ahora estoy más volcada en ver si hay una nueva generación. Inculcarles que es un deporte súper bonito y que, aunque sea para disfrutar y sin conseguir grandes logros, merece la pena el esfuerzo. El atletismo te aporta muchísimo, te enriquece como persona y a nivel físico y mental.

Biografía RFEA – Zulema Fuentes-Pila

Vídeo – Final olímpica de los 3.000 metros obstáculos (Pekín 2008)

Vídeo – Copa de Europa de 3.000 metros obstáculos (Munich 2007)

Vídeo – Campeonato de España de 3.000 metros obstáculos (Málaga 2011)

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