El después no existe
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'Había sido una esquiada épica. Estábamos los cuatro sentados ante una buena cena suiza y rememorábamos las bajadas de ese día.
Habían sido tres, solo tres sí. ¡Pero qué tres!. Nuestro guía no solo era el tío más simpático de la tierra, sino que además nos tenía muy mal acostumbrados…. nosotros le dejábamos hacer y ya no preguntábamos mucho.
Él nunca dejaba entrever sus planes, pero nos medía, nos mimaba a lo largo de todo el día y el resultado era espectacular. Sacaba lo mejor de nosotros y cada nueva bajada era mejor que la anterior.
Sin duda su forma de exprimir la estación, ese sitio necesario para acceder al siguiente fuera pista, era magistral. Sin repeticiones tontas, cada subida nos llevaba a una nueva aventura… por eso llevábamos ya ocho años juntos y cada año era mejor.
La fo...'

