René Velazco, exSalserín, sufrió la pérdida de una persona clave en los terremotos de Venezuela y sigue en la música: esto confesó en entrevista
Muchos lo recuerdan como uno de los rostros más queridos de Salserín, la orquesta juvenil venezolana que marcó a a una generación en los años 90 con su mezcla de salsa y pop, sus giras internacionales y sus apariciones en telenovelas. René Velazco ingresó al grupo con apenas 15 años, en la segunda gran etapa de la banda, cuando Salserín ya era un fenómeno mediático en Latinoamérica.
Reemplazar a figuras como Servando y Florentino Primera no fue fácil, pero su voz y carisma lo llevaron a recorrer más de 20 países, protagonizar la telenovela Entre tú y yo y consolidarse como uno de los “niños salseros” más recordados de la década.
Para el público noventero, su nombre sigue ligado a esa época dorada en la que Salserín sonaba en la radio y la televisión. Él se convirtió en símbolo de una fiebre juvenil que aún despierta nostalgia.
Llegó a la entrevista con La Nación lleno de ilusión: Costa Rica fue uno de los países que abrazó con más fuerza a la orquesta en los 90 y él lo sabe. “Muy contento de reencontrarme tanto con el país como con la gente que siempre ha sido tan consecuente y fiel a mi música y a cada uno de mis proyectos”, dijo.
El adolescente que llegó en plena cumbre
La historia de René dentro de Salserín comienza en uno de los capítulos más recordados por los fans: su ingreso para sustituir a dos integrantes emblemáticos, justo cuando la orquesta comenzaba a conquistar a Latinoamérica.
“Tuvimos la gran ventaja de que cuando nosotros entramos a la orquesta, ella empieza en el proceso de internacionalización y países como Perú, Colombia, Costa Rica, Panamá y muchos otros países nos abrieron los brazos”, recordó.
Ser “el sustituto” de los hermanos Primera implicó una enorme presión pública para un adolescente. René describió aquella etapa como una “doble vida”: la del joven que debía terminar sus estudios porque su familia se lo exigía —“vas a hacer música, pero tienes que terminar tu parte académica”— y la del artista que aprendía, sobre la marcha, a ser figura pública. “Eres artista y ya eres una figura pública, ya eso no te lo puedes quitar como un traje. La gente siempre te ve, la gente siempre te observa”, comentó.
Los errores juveniles y las críticas formaron parte de un aprendizaje acelerado en contacto con los medios, pero también con miles de fans que lo idolatraban, pero que también lo juzgaban.
Bullying, rechazo y la larga conquista del público
El fenómeno Salserín no fue solo fama y giras; también expuso a René a un rechazo difícil de procesar. En Venezuela, muchos seguidores estaban profundamente identificados con la primera generación del grupo y miraban con recelo a los nuevos integrantes, como si “les hubieran quitado” a sus ídolos.
“Las muchachas estaban muy apegadas al hecho de que ellos pertenecían a la orquesta y nosotros habíamos sido como los que lo sacamos; y no fue así”, recordó, subrayando que aquella percepción estaba distorsionada por la juventud y el desconocimiento del funcionamiento interno del proyecto.
“Cuando tienes poca edad, tienes pocas herramientas para enfrentar situaciones que pueden ser complejas y que te pueden desarmar”, admitió. En ese contexto, sus seres queridos fueron fundamentales. “Mi familia fue clave para ayudarme a enfrentar ciertos fantasmas o procesos”, dijo, refiriéndose al bullying y a la presión emocional.
Con el tiempo, el rechazo se transformó en respeto y cariño; hoy rememora esos episodios “no en son de víctima, sino como en son de anécdota”. La constancia —seguir haciendo música, mantenerse activo con la orquesta y luego como solista— le permitió ganarse un lugar genuino.
“Con los años, eso de alguna manera me ayudó a calar un poco más en el público”, resumió.
De niño salsero ‘disfrazado’ a artista ‘desgenerado’
Quien lo ve hoy quizá no lo identifique con los trajes coordinados y los peinados uniformes de Salserín. Sus tatuajes, lentes y estética alternativa muestran el cambio tanto de imagen como de proyecto musical.
“En Salserín yo estaba disfrazado... El grupo se basaba en un concepto de uniformes, de boyband latinoamericana, porque básicamente eso fue Salserín en su momento”, explicó. El formato exigía una estética homogénea: mismos trajes, peinados y poses.
En paralelo, René escuchaba otra música. “Nunca fui tan del lado tropical”, confesó. Con Salserín aprendió a cantar con orquesta y a entender la salsa desde dentro, algo que agradece porque amplió su panorama. Pero, como él mismo cita en un refrán venezolano, “la cabra siempre tira para el monte”: su proyecto solista navega hoy entre el blues, lo alternativo y trazos de rock. “No me considero roquero como tal. Soy como un artista ‘desgenerado’”, dijo.
Sus tatuajes cuentan una biografía íntima: nombres de sus padres y su hermana, huellas de sus perritas, instrumentos musicales, frases como “Hijo del arte” y “Fabricante de melodías” e, incluso, el rostro de su madre en el brazo. Cada marca es un recuerdo que acerca más al compositor introspectivo que al niño salsero televisivo.
El amor que lo llevó a emigrar
La ruptura más grande en su vida —la migración— no fue motivada exclusivamente por lo económico, sino por amor. “He tenido la fortuna, la suerte, la bendición… de que mis últimos años han estado acompañados de una persona maravillosa”, dijo el músico en referencia a su esposa, a quien atribuye buena parte de su crecimiento personal y profesional.
Fue por ella que dejó Venezuela. “Yo no me quería ir realmente”, admitió. Su primer plan fue que ella se estableciera en Venezuela; al final, él viajó a Estados Unidos “un mes” para visitarla y los planes cambiaron. “Ya tengo tres años en Estados Unidos”, contó con ironía.
Su caso no encaja con el “tabulador específico” del migrante venezolano: con la música y años de carrera, en su país podía vivir con cierta tranquilidad relativa; sin embargo la crisis y la oportunidad afectiva pesaron más. Estados Unidos se volvió el escenario principal donde, pese a su fama en Latinoamérica, tuvo que comenzar casi desde cero. “Si no fuese por mi esposa, yo no estaría en ese país”, reconoció.
Describe Estados Unidos sin idealizarlo: un país con muchas oportunidades que “te exige mucho”, “muy capitalista”, donde “no te puedes echar a dormir”. Muchos migrantes deben dejar atrás lo que hacían en su país y sobrevivir con oficios ajenos a su vocación.
“Cuando llegué hice Uber, hice Amazon, hice miles de cosas, eso es lo normal”, contó. La experiencia refleja una realidad extendida entre artistas que emigran: giras, discos y reconocimientos no siempre garantizan estabilidad económica al cruzar fronteras.
A pesar de ello, nunca dejó la música. Hoy se dedica a la producción audiovisual, realiza campañas y contenido para marcas personales y comerciales, y mantiene su proyecto de solista. Fue por esa labor que viajó a Costa Rica para presentar su concierto Íntimo, el pasado 17 de julio en el Jazz Café.
Venezuela desde la distancia: política, terremoto y duelo
Aunque vive fuera, su mente sigue en Venezuela. “Yo bromeo con mi esposa porque yo todos los días me levanto y entreno y, en vez de escuchar música, escucho podcasts de política. Todo el día estoy en eso, o sea, es como que no me despego”, reconoció. La distancia no lo desancla emocionalmente de un país marcado por la crisis y el éxodo.
La tragedia más reciente —el terremoto del 24 de junio que dejó miles de víctimas y dañó infraestructura— lo golpeó como a muchos venezolanos en el exterior. “Sé que Venezuela está en una situación muy compleja a nivel socioeconómico y, respecto a lo que está pasando actualmente con el terremoto, es más complejo aún”, dijo.
Aunque no puede estar presente físicamente, encontró en las redes sociales una herramienta para coordinar ayuda: “Las redes sociales me permitieron y fueron mi mejor herramienta para ayudar y conectar, sobre todo a alguna víctima con algo que necesitara”, relató. Su enfoque fue acompañar casos puntuales: “Ir ayudando a uno por uno como puedas”.
La tragedia tuvo además un rostro personal: Yorgelis Delgado, colega con la que trabajó en Entre tú y yo, quien fue una de las víctimas mortales del sismo. Ella fue el interés romántico de René en la telenovela.
Días antes del destructor sismo, asegura René, Yorgelis y él estaban planeando una publicidad y acababan de reencontrarse profesionalmente con una nueva versión de la canción Miraré para arriba, tema que él cantaba en la novela.
“Fue complejo. Tú nunca piensas que esas cosas le van a pasar a gente cercana a ti”, confesó. Su fallecimiento lo obligó a reactivar contactos y a poner en perspectiva que ella es “una de miles” afectadas.
Su mensaje a los venezolanos mezcla honestidad y consuelo: le resulta difícil decir algo que alcance en medio de tanto duelo, por eso propone un acto de resistencia: aferrarse a la fe que cada quien elija y seguir haciendo lo que queda por hacer, en honor de quienes ya no están.
Vivir, cantar y ejercitar con fibrosis quística
A la exigencia del país en el que vive actualmente y al peso emocional de la migración, a la vida de René se suma una condición de salud: nació con fibrosis quística, una enfermedad genética que afecta principalmente los pulmones y el páncreas.
Hace décadas, ese diagnóstico limitaba drásticamente la expectativa de vida; hoy los avances médicos han cambiado ese panorama. “Hace algunos años, cuando la condición era diagnosticada, te daban máximo 10 o 12 años de vida”, explicó.
Durante mucho tiempo prefirió no hablar públicamente de su enfermedad: “No quería que quizás mi carrera se basara en eso, específicamente”, admitió. Con los años, sin embargo, decidió visibilizar su situación para que otros se sientan representados.
No busca ser un “ejemplo” en el sentido heroico; reconoce que esa etiqueta implica una gran responsabilidad. Su objetivo es más sencillo y cercano: compartir una experiencia que puede ayudar a otros a no sentirse solos.
Su día a día requiere cuidados estrictos. “Soy una persona que tengo que cuidarme el doble de lo que se cuida cualquier persona, cualquier gripe a mí me puede terminar en una neumonía”, explicó. El ejercicio es, para él, terapia: mantiene sus pulmones lo más limpios posible.
La diferencia entre Venezuela y Estados Unidos también se nota en el acceso a tratamientos: en su país las medicinas eran costosas y muchas veces inaccesibles; “la mitad del dinero que yo pude haber hecho en mi vida se me fue completamente en medicina”, afirmó. En Estados Unidos, aunque los trámites son complejos, el sistema es más avanzado y, gracias a que su esposa conoce cómo moverse en él, logró asegurarse los medicamentos y controles necesarios.
A pesar de todo, a veces olvida su condición y no lamenta lo que vive. Su consejo para quienes conviven con enfermedades crónicas es directo: diagnosticarse, seguir los tratamientos, cuidarse el doble y “seguir haciendo su vida normal”, añadiendo que esos cuidados no son negociables.
¿Qué le diría al René de 1997?
Ante la pregunta de qué le diría al joven de 1997 —el adolescente a punto de debutar en Salserín—, René expone un balance entre calma y advertencia. “Primero le diría que tranquilo, que todo va a estar bien, que no se preocupe”, dijo. Sin embargo, René agregó que también le recomendaría “ocuparse un poquito más por el futuro”: desarrollar visión empresarial, pensar en el retorno económico, ser más frío en ciertos momentos y hacer más relaciones públicas con las personas adecuadas.
“Creo que eso es lo único”, confesó, consciente de que parte de su experiencia estuvo marcada por la ingenuidad propia de la juventud.
En la mezcla de nostalgia, migración y reinvención, la historia de René Velazco se aleja del guion clásico del exestrella juvenil. Es la historia cotidiana de millones de latinoamericanos que reconstruyen su vida en otros territorios.
El exintegrante de Salserín, que una vez conquistó escenarios de toda Latinoamérica, hoy diseña campañas digitales, produce contenido audiovisual y regresa de vez en cuando a países como Costa Rica para recordar —y recordarle a su público— que la música sigue siendo el hilo que sostiene todo y une a las personas, a pesar de los años y las generaciones.

