Erdogan acaricia su reelección tras una inesperada remontada
No fue así y el presidente turco, de 69 años, desmintió a los sondeos y resistió mejor de lo esperado para, con casi un 90% de participación en las presidenciales del pasado 14 de mayo –récord en la historia turca-, hacerse con casi la mitad de los votos: apenas cinco décimas le separaron del 50%, lo que le habría valido al líder del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) revalidar directamente la jefatura del Estado. En las legislativas, que se celebraron el mismo día, la alianza comandada por el AKP obtuvo una victoria más clara: 268 escaños sobre un total 600 asientos.
Por tanto, en un momento de zozobra, casi la mitad de los ciudadanos turcos han confiado en Erdogan como mejor garantía para sacar al país del atolladero, incluidos los vecinos de las zonas más afectadas en el sur del país por el doble sismo del pasado febrero. La polarización de Turquía es cada vez mayor, y, junto a la demonización del enemigo practicada por el presidente durante años –gracias al control casi absoluto de los medios, un dominio construido lenta y concienzudamente-, ha sido un factor clave en la victoria del mandatario.
Erdogan tendrá, pues, que esperar a la segunda vuelta de los comicios presidenciales el próximo domingo 28 de mayo, cita en la que parte como favorito indiscutible frente al líder del Partido Republicano del Pueblo (CHP), quien deberá tratar de recuperarse con rapidez del golpe encajado. Si el electorado del AKP mantiene la misma fidelidad al presidente como en la primera vuelta, Erdogan tendrá la victoria en su mano. Sólo un apoyo masivo a
Kilicdaroglu, de 74 años, por parte de los votantes de Sinan Ogan, líder de la nacionalista Alianza Ancestral (un 5,2% de los sufragios en primera vuelta), y una mayor movilización del voto kurdo anti Erdogan en favor del líder del Partido Republicano del Pueblo (CHP) podrían aún comprometer la reválida al actual presidente turco.
La contienda electoral vuelve a dibujar una Turquía cada vez más nacionalista dividida entre una Anatolia interior favorable a Erdogan, por un lado, y las principales zonas urbanas, la costa del mar Egeo y las áreas de mayoría kurda, por otro, partidarias mayoritariamente del candidato opositor –y su amalgama heterogénea de partidos.
Para uno de los analistas más destacados en asuntos turcos, el investigador del "think tank" The Washington Institute for Near East Policy Soner Cagaptay, una de las claves de la victoria de Erdogan tiene ver con el uso inteligente por parte del presidente del factor identitario, al explotar la confrontación entre suníes –la rama del islam mayoritaria en Turquía y el mundo árabe- y alevíes, minoría religiosa –en torno al 15% de la población- a la que pertenece Kilicdaroglu). En Twitter, el investigador afirmaba que “los ataques poco velados de Erdogan contra la universalista identidad musulmana aleví de Kilicdaroglu le castigaron en la Turquía profunda”.
Además, Cagaptay pone el foco en el reticente apoyo de los votantes del kurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) a Kilicdaroglu, un kemalista declarado, por debajo de lo esperado. “Mientras la participación en el conjunto de Turquía fue del 88%, en las zonas mayoritariamente kurdas se quedó en el 80%”.
Y en la espera, Erdogan saltaba a los titulares de todo el mundo para presentarse como muñidor de la prórroga del acuerdo para la exportación de cereal ucraniano. El hombre fuerte, patrón de una democracia iliberal y autoritaria para algunos o de una autocracia con elementos democráticos para otros, sigue contando con la confianza de una de las dos mitades de Turquía en gran medida, y justo es recordarlo, al control férreo de la justicia, los medios de comunicación y el Ejército. Para Erdogan, que afrontará casi con toda seguridad un nuevo lustro en el poder, veinte años tampoco son nada.
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