Roy Jones Jr. recibe su medalla de oro… 35 años después
En mayo de 2023, el destino quiso ajustar cuentas. Park Si Hun, el boxeador surcoreano que en Seúl 1988 fue beneficiado con una de las decisiones más escandalosas en la historia del olimpismo, viajó hasta Pensacola para encontrarse con Roy Jones Jr. En sus manos llevaba la medalla de oro que jamás sintió propia.
Treinta y cinco años después de aquella noche manchada, Park le entregó el premio a Jones y le confesó: “Esta medalla es tuya, siempre lo fue”. Con una risa nerviosa agregó: “Ahora es tu problema”. Para Jones fue un momento simbólico: un cierre que parecía imposible. Para Park, en cambio, significó soltar una carga que lo persiguió durante toda su vida.
Seúl 88: el día que la justicia fue derrotada
Aquel combate es recordado como una de las mayores vergüenzas del boxeo olímpico. Jones conectó 86 golpes contra solo 32 de Park, dominando de principio a fin. Sin embargo, los jueces dictaron un inexplicable 3-2 a favor del local.
El estadounidense recibió el Trofeo Val Barker como mejor boxeador de los Juegos, pero no la medalla que debía colgarse en su cuello. Décadas después, se confirmó lo que todos sospechaban: corrupción, presiones políticas y jueces comprados. El COI cambió el sistema de puntuación tras el escándalo, pero nunca corrigió el resultado.
Jones aprendió una lección que marcó su carrera: “Ese día entendí que nunca debía dejarlo en manos de los jueces. Había que noquear y no dejar dudas”. Así lo hizo: del superwélter al peso pesado, construyó una de las trayectorias más brillantes que se recuerdan.
Aunque subió al podio, Park jamás disfrutó aquella victoria. Apenas terminó la pelea, se disculpó con Jones, sabiendo que no lo merecía. En Corea del Sur, lejos de ser tratado como héroe, fue criticado y señalado. Lo que debía ser el mayor logro de su vida se convirtió en una pesadilla. Durante años enfrentó depresión, intentos de suicidio y la pesada carga de una medalla que no le pertenecía. Hasta que, en 2023, decidió entregarla a su verdadero dueño.
Treinta y cinco años después, Roy Jones Jr. por fin sostuvo entre sus manos el oro que el mundo siempre supo que era suyo.

