El día que un gigante del béisbol cubano pasó de las gradas al terreno
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Lázaro entró en el estadio Victoria de Girón de Matanzas por la puerta principal. Llevaba unos jeans, un pullover y una gorra desgastada. A pesar de su imponente anatomía de más de seis pies de estatura nadie notó su presencia cuando se fundió con la multitud ansiosa que se aglomeraba en la entrada.

