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España, a la espera de un relevo para avivar la llama

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Acostumbrado a recrearse en los éxitos de los hermanos Fernández-Ochoa, el esquí alpino español ha ido perdiendo fuelle en los últimos años y vive ahora su particular travesía por el desierto. Este lunes arrancan las pruebas del Mundial 2021, con sede en la estación italiana de Cortina d’Ampezzo, y para los seis esquiadores que finalmente representarán a España el mayor éxito es estar allí. Ninguno de los miembros del equipo nacional se encuentra entre los cincuenta primeros del ranking en las distintas modalidades mundialistas, y solo la insistencia en competir e ir sumando puntos en pruebas secundarias les ha otorgado el derecho a estar en Italia. Cualquier posibilidad, no ya de medalla, sino de estar entre los mejores, parece una quimera. «El crecimiento de este grupo es constante, pero nos falta el espaldarazo de un resultado que sea top 15 mundial que debería llegar pronto», expone Olmo Hernán, director deportivo de la Federación Española de Deportes de Invierno. «Los deportistas están trabajando con mucha intensidad. Lo demuestra el hecho de tener representación en cada una de las disciplinas con unos criterios exigentes que hace unos años no eran capaces de cumplir». Hay un hecho, y es que el esquí nunca ha sido el deporte de moda en España. El oro de Paquito Fernández-Ochoa en los Juegos de Sapporo 72 resultó tan exótico como si de repente surgiera un torero noruego. Pero aquel triunfo inesperado encendió una pequeña llama que después se avivó con el bronce de su hermana Blanca en Albertville 92, un metal que ya llegaba precedido de cuatro triunfos en el circuito mundial. María José Rienda y Carolina Ruiz, última ganadora de una prueba de la Copa del Mundo, en 2013, pusieron continuidad en femenino a aquellos éxitos. Desde hace más de un lustro, sin embargo, nadie es capaz de asomar la cabeza. «Esto no es Austria o Suiza, aquí los deportistas de invierno siguen saliendo por generación espontánea», explica a ABC María José Rienda, expresidenta del Consejo Superior de Deportes, ganadora de seis pruebas de la Copa del Mundo y última en lograr un puesto entre los diez mejores en un Mundial (Santa Caterina 2005). «Los deportistas de élite no se hacen de un día para otro, se necesita mucha continuidad. El esquí es un deporte muy sacrificado que, en el caso de España, obliga a pasar muchas días fuera de casa y a competir en condiciones bastante duras.Se necesita mucho apoyo. Hay que pensar muy bien lo que se está haciendo con nuestros deportistas y ver también qué se hizo en el pasado que funcionó. No podemos conformarnos». El largo plazo «Me consta que con la base se está trabajando mucho mejor en los últimos años, se están probando cosas diferentes», asegura Núria Pau, quien peleó su plaza en el eslalon gigante de Cortina hasta casi el último suspiro. «Si se consigue mantener ese trabajo y llevarlo hasta el equipo nacional estoy segura de que van a volver a verse resultados relevantes en los próximos años». Pau es la única mujer en la delegación, lo que confirma la preocupación de Rienda por la situación del equipo nacional femenino: «Cada vez hay menos chicas, y creo que se están perdiendo algunas generaciones por el camino». La exsecretaria de Estado también apunta a la aparición de nuevas disciplinas. «Ahora tenemos equipos potentes de snowboard y freestyle, y es lógico que haya más recursos que se destinen a esas modalidades». En la trastienda, la Federación aún confía en relanzar la candidatura olímpica de Pirineos-Barcelona 2030 para dar un nuevo impulso a un deporte necesitado de nuevos referentes.
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